Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDAS DE COAHUILA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDAS DE COAHUILA. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de marzo de 2018

LAURA




La ciudad de Saltillo es la capital del estado de Coahuila de Zaragoza. Esta ciudad es famosa por su producción de pan de pulque y por sus multicoloridos sarapes que son toda una belleza. El origen de su nombre es un tanto oscuro. Para algunos estudiosos de la filología su nombre proviene del chichimeca y significa “tierra alta de muchas aguas”; para otros, proviene del nombre dado a un salto de agua, a cuyo pie se fundó la inicial villa, a finales del siglo XVI, gracias a un portugués llamado Alberto del Canto, quien la llamó Villa de Santiago de Saltillo.
Varios siglos después en esta misma ciudad, vivía una muchacha llamada Laura que era un tanto cuanto vanidosa y le gustaba tomarse fotos en un espejo de su recámara. Una cierta noche, después de haberse sacado una serie de fotos frente al espejo de su coqueta, ya cansada se metió en la cama para dormir, y lo hizo profundamente.
En la madrugada empezó a caer una fuerte lluvia y un trueno despertó a la muchacha e iluminó la recámara por unos cuantos segundos. Tiempo suficiente para que Laura viera en el espejo a una serie de personas sin cara, pero a pesar de lo cual tenían los ojos fijos en ella. Esas terribles miradas le produjeron un miedo cerval y se le puso la carne de gallina. A pesar de su miedo la chica se quedó de nuevo dormida, pues se encontraba muy cansada.
A la mañana siguiente acordándose de lo que había visto Laura decidió quitar el espejo de su tocador. Al llegar la noche, de acuerdo a su costumbre, la mujer decidió tomarse las fotos, pero esta vez en el espejo del cuarto de baño. Al terminar, decidió lavarse las manos en el lavabo; cuando iba a abrir el grifo del agua caliente, éste se abrió solo y salió un tremendo vapor que empañó el espejo. Laura se asustó mucho y deseó correr con todas sus fuerzas, pero sus músculos no le obedecieron y se quedó clavada frente al lavabo. De repente, al ver el espejo vio que sobre el vapor que le cubría aparecían estas extrañas palabras: ¡Laura, mujer vanidosa, regresa el espejo a tu cuarto, pues nosotros extrañamos verte cuando te tomas fotografías y cuando te encuentras dormida en tu cama!
Laura casi se vuelve loca del susto por el terrible letrero que le habían escrito entes del más allá.



miércoles, 17 de agosto de 2016

LA ONZA REAL



A finales del siglo XVIII seis agrimensores españoles se encontraban trabajando entre Lampazos y Santa Rosa, en el estado de Coahuila, ayudados por dos indios de la región.
El portador de la vara de los puntos de referencia se alejó de sus compañeros que llevaban el teodolito.
Como tardaba en regresar se sentaron a esperarlo. De pronto, escucharon el llanto lastimero y espeluznante de una mujer; los españoles pensaron, divertidos y burlones, que su compañero de la vara se estaba entreteniendo en violar a una mujer india que hubiera tenido la mala idea de pasar por ahí. Nadie presto atención.
El llanto cesó, pero el hombre no regresaba, por lo que el jefe de los trabajadores decidió ir en su búsqueda.
En esas estaban cuando oyeron un grito de espanto, todos corrieron hacía el bosque empuñando las armas y se encontraron con su compañero que tenía el pecho y el vientre abiertos y sin  ninguno de sus órganos internos. Un gesto de horror se pintaba en su pálido rostro.
Trataron de encontrar la razón de tan horripilante muerte, pero nada encontraron. Regresaron al campamento.
En la noche, volvieron a escuchar el llanto de la mujer, que se oía hacia todos los puntos cardinales, como si volara por todas partes alrededor del campamento.
Después de una noche de vigilia, decidieron buscar el origen de aquel llanto. Espantados, encontraron el cuerpo de otro trabajador en las mismas condiciones que el primero, al tiempo que se escuchaba el escalofriante llanto demoníaco. Enterraron el cuerpo. No sabían qué hacer, pensaron en regresar al pueblo, tanto era su miedo. En esas estaban cuando uno de los guías indios dijo:
-Se trata de un gato muy grande, que tiene las patas delanteras muy grandes y con fuertes garras.
Puede saltar más de diez metros, su pecho y cuello son muy poderosos, con su mandíbula puede romper huesos grandes. Le gusta comer tripas y bofes.
No sabe rugir, pero emite un sonido muy semejante al llamado de una mujer en celo, y llora de gozo una vez que ha saciado su truculenta hambre.
Los españoles no le creyeron al indio guía, pensaron que eran cuentos de gente supersticiosa, y decidieron volver al trabajo.

Transcurrió un día sin novedad. Al atardecer, vieron que un matorral se movía. Aprestaron sus mosquetones y machetes. De pronto una bestia de enormes colmillos y espeluznantes garras se abalanzó hacia los trabajadores, quienes dispararon en vano. La bestia huyó. Los españoles pasaron la noche sin dormir, pensando en irse al día siguiente sin más demora.

Era la Onza Real que se les había aparecido. Ese terrible animal de color gris y bayo, con rayas negras desde la frente hasta la cola cuya punta era negra, y que disfrutaba comiéndose los órganos internos de los humanos.

La Onza Real se esconde por los caminos de Coahuila y hasta la fecha gusta de sorprender a los caminantes que tienen la osadía de salir de noche.

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL NIÑO LLORÓN Y EL VIGILANTE



En Saltillo, la capital del estado de Coahuila de Zaragoza situado en el norte de la República Mexicana, una leyenda muy popular relata un hecho inverosímil.

El 4 de octubre de 1972, un  tren que venía de Real de Catorce chocó contra otro. La catástrofe fue terrible y en ella murieron muchísimos pasajeros.

La vía donde ocurrió el percance se cerró, y nunca se volvió a utilizar quedando en el lugar los vagones del ferrocarril abandonados como chatarra.

Pasado el tiempo, una noche invernal, un vigilante nocturno, un sereno, al hacer su ronda, acertó a pasar por el lugar del choque.

De pronto, escuchó el llanto de un niño que procedía de unos de los vagones. Se acercó a ver qué sucedía y se encontró con un niño de siete años que lloraba desconsoladamente.

El sereno le preguntó la causa de su llanto y si vivía por ahí. El niño, sollozando, le contestó que no vivía por ahí, que venía en un tren con su mamá y que ahora no la encontraba. Apiadado, el sereno quiso ayudarlo y se comunicó con la central de trenes.

Preguntó la hora en que había pasado el último tren, porque tenía a un niñito que había perdido a su mamá, tal vez porque se había bajado de alguno de los vagones. Pero le respondieron que hacía años que no pasaba ningún tren por ahí, y que la vía había sido clausurada a causa de un antiguo accidente.

El vigilante volteó a ver al niño que ya no lloraba, sino que reía escalofriantemente.

Cuando vio su cara se dio cuenta de que se deformaba horriblemente. El hombre sintió un miedo terrible y se desmayó.

Cuando recuperó el sentido se encontraba en una clínica en donde pasó varios días para ser atendido de los nervios.

Cuando regresó a sus labores, jamás volvió a pasar por la vía donde había tenido lugar el funesto choque y donde se aparecía el horripilante niño llorón.