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miércoles, 6 de enero de 2016

LA METALURGIA PURÉPECHA



Fue el cobre el primer metal que se utilizó en Michoacán; se le empleó  para hacer todo tipo de aleaciones: con oro, plata, zinc, plomo, y para crear aleaciones de bronce empleando estaño.
En un principio, los metales no se conseguían excavando túneles, sino que se buscaban a ras del suelo en las vetas que llegaban a la superficie.
En la zona de la Laguna del Infiernillo se han encontrado minas de cobre que estuvieron en explotación durante el período del último cazonci, Tangáxoan Tzintzicha, que se explotaban a tajo abierto; es decir, buscando la veta superficialmente.
Las paredes de la veta se partían con cuñas de maderas de cuernos de animales para lograr que las piedras se desprendieran de la pared. En el sitio arqueológico mencionado se encontraron mazos y molcajetes de piedra para moler el mineral, llamados tiquiches. Asimismo, se encontró una mesa tallada en la piedra que servía para la molienda. En el sitio arqueológico de Chumuco, trabajaban veinte fundidores, que recogían un promedio de medio celemín de polvo y piedra verde de la que obtenían el cobre.
El celemín era una medida de capacidad para áridos, 4,625 litros, que se dividía en cuatro cuartillos.
Después de extraído, el cobre se fundía soplando en unos canutos para mantener el fuego, y hacían unos lingotes de aproximadamente veinte centímetros de largo, quince de ancho y seis de alto llamados  xeme, con un peso aproximado de 4.5 kilos.
Como la obtención era efectuada por pepena, el mineral no estaba muy contaminado, y los componentes extraños que aparecían se dejaban ya que servían para la composición deseada.
Los fundidores de cobre también trabajaban como labradores,  tenían cerca del cerro sus milpas de labor, y sólo extraían el mineral cuando el Jefe Supremo lo requería.
Por ejemplo, el gobernante de Tzintzuntzan contaba con personas que organizaban el buen funcionamiento de las minas más importantes, las cuales se encontraban hacia el sureste del imperio, hacia Cutzamala, Coyuca Ajuchitlán y Pungarabato.
Sin embargo, existían otras minas hacia el occidente, cerca de Tuxpan y Zapopan. Otra forma de obtener metales consistía en el pago de los tributos que obtenían de Sinagua, La Huacana, Turicato y Coalcomán.
Los metales extraídos de las minas se conducían a talleres donde se fundían y se formaban lingotes, que  se enviaban  a depósitos localizados en la cuenca del lago de Pátzcuaro para ser custodiados por los encargados del tesoro, quienes efectuaban  rituales y ceremonias especiales a los que acudía el cazonci antes de entregar los lingotes a los joyeros quienes, con su divino arte, los transformaran en joyas para la realeza.
Con los metales se elaboraron objetos de uso práctico en la vida diaria y adornos. Entre los primeros podríamos mencionar: azadas, coas, punzones, cinceles, agujas, alfileres, anzuelos, y otros muchos más. Como adornos tenemos: cascabeles, brazaletes, anillos, uñas, pectorales, cactlis, etcétera.
Las técnicas que se emplearon en el Michoacán antiguo fueron de dos tipos: las técnicas en frío: grabado, repujado, laminado, martillado, uniones mecánicas y pulido; más otras complementarias como el chapeteado, la incrustación, el embutido, el forrado, el engastado y la coloración, por medio del templado; y las técnicas que empleaban calor destemplado: hiladura, fundición y vaciado, más la licuación, que incluye el fundido. Éste se hacía en braseros, especies de crisoles, y como no contaban con  fuelles, como ya hemos mencionado, empleaban  canutos para soplar y avivar el fuego.
Para llevar al cabo el martillado, los artistas purépecha se auxiliaban de pequeños bancos de madera o piedra, donde golpeaban el metal hasta lograr láminas tan delgadas que podían medirse en milímetros.
En la lámina  trazaban los cortes deseados, según para lo que se deseara elaborar, y luego empleaban la técnica de repujado para decorar con figuras, grecas o lo que los artistas quisieran; técnica decorativa a la que acompañaban la filigrana y la soldadura cuando se requerían.
Una tercera técnica empleada por los indígenas fue el fundido, para lo cual se usaban hornos cuyo calor se mantenía soplando por unos tubos. Ya fundido el metal, se vaciaba en moldes de barro cocido, para crear el objeto.
Entre los orfebres de Pátzcuaro se empleó la técnica de la cera fundida para elaborar anillos, cascabeles, aretes y colgantes en forma de animales preciosamente elaborados. El conocimiento metalúrgico de los purépecha sobresalió en sus trabajos con la plata, el oro, y el cobre.
La principal producción consistió en joyas y adornos. Además de las armas y de las joyas los purépecha elaboraron herramientas para cubrir las necesidades de la vida cotidiana.
Es importante mencionar que los purépecha conocían las pinzas para depilar, a las cuales llamaban petamuti. Las había de grandes dimensiones que se llevaban colgadas al cuello. Eran como dos lengüetas con las puntas redondeadas y bellamente decoradas; algunas hechas de plata han llegado hasta nuestros días.
El descubrimiento del bronce fue decisivo, pues les permitió  rechazar los continuos ataques bélicos de los mexicas quienes nunca emplearon el metal para fabricar armas.
Para elaborar el bronce los purépecha conocían ciertas técnicas como la molienda del óxido de estaño, y la obtención de estaño metálico que no se encuentra puro en la naturaleza, sino en estado de óxido casiterita; asimismo, sus conocimientos les permitieron fundirlos juntos sin riesgo a perder a uno de ellos por la oxidación.
Tres fueron los metales preferidos por los purépecha: el oro, tiripiti o excremento del dios Sol; la plata, teyácata, proveniente de las excrecencias de la diosa lunar Xaratanga, y el cobre, llamado tiyahu charápeti.
Cuando no había mucho oro, las piezas deseadas se hacían de este metal al que luego se bañaba en oro; a este proceso lo llamaron tumbaga.
De ahí ha de venir el famoso dicho de “sacar el cobre”. 



martes, 24 de febrero de 2015

LAS TRADICIONES PUREPECHAS



Como cada año, esta etnia michoacana efectúa el 1 de febrero la magna celebración del Encendido del Fuego Nuevo, para dar inicio al Año Nuevo Purépecha

Aunque no se tienen registros históricos que puedan marcar con exactitud el inicio de este culto en la época prehispánica, fue a partir de 1983 cuando este pueblo comenzó a retomarlo.

Orgullosa de sus raíces, la comunidad purépecha se apresta a celebrar, como cada 1 de febrero, la milenaria ceremonia del Fuego Nuevo Kurhikuaeri K´uinchekua para agradecer a la Madre Tierra Nana Kuerajperi los favores recibidos a lo largo del año.
Dicha tradición, a saber, marca el inicio del año para esta cultura indígena de Michoacán, según sus propios ciclos productivos de la tierra, y da paso a la revitalización y dignificación de sus tradiciones.
Aunque hoy se rige por el calendario gregoriano, esta etnia recuerda dicha efeméride.  Anteriormente, el año de los purépecha estaba integrado por 18 meses de 20 días, de  manera que el comienzo de un nuevo ciclo para esta etnia se registraba por estas fechas.
La celebración, rememora que la comunidad purépecha proviene del fuego, porque es hija del Sol, su dios principal.
En el ambiente flota ya el olor a mole, corundas y aguacates; las dos últimas, son bolas hervidas de masa del tamaño de un puño, alimento tradicional de las cuatro regiones en las que esta comunidad indígena divide Michoacán: Sierra, Cañada, Lacustre y Ciénaga.
Esos aromas característicos se mezclan poco a poco con el olor a pólvora quemada de los cohetones, así como con las notas del son, el abajeño y la pirekua, géneros de la música purépecha que acompaña al fuego kurhi o ch´upiri) hacia la comunidad de Nahuatzen, ubicada en la meseta, a 105 kilómetros al noroeste de Morelia, capital del estado, y que este año es sede de la festividad.

Aun cuando la ceremonia del Fuego Nuevo es la más representativa de este pueblo indígena, ésta es de reflexión, más no religiosa ni  política. Algunos de los objetivos, describió, son rescatar la memoria colectiva y todos aquellos elementos culturales del pasado, como la antigua tradición purépecha de transmitir en forma oral los conocimientos de una generación a otra.

Terán Escobar señaló que no se tienen registros históricos que puedan marcar con exactitud el inicio de este culto en la época prehispánica, fue a partir de 1983 cuando esta etnia comenzó a retomarlo.
Abundó que durante el encuentro, además de las ceremonias de presentación del fuego y su resguardo, se realizarán actividades culturales, artísticas y rituales. En ésta, por ejemplo, se practica como antaño la costumbre del trueque y se escucha a los purépecha hablar su lengua materna.
Por ser una celebración para recuperar los valores, puntualizó Patricia Terán, están prohibidos los estimulantes, como el alcohol; se cierra el paso a cualquier tema de tipo político o partidista, e incluso no se permite el ambulantaje, salvo de productos artesanales.
Es, en suma, la celebración del orgullo purépecha.
Del inicio del Año Nuevo Purépecha
Como cada año, la noche del 1 de febrero y a lo largo de toda la madrugada del día 2, se realizará la magna celebración del Encendido del Fuego Nuevo para dar inicio al Año Nuevo Purépecha. Los pueblos se reunirán para intercambiar experiencias de cómo les fue el año que acaba de finalizar.
Las autoridades comunales son las encargadas de la organización, incluidas las medidas de seguridad a todos los visitantes. La semana de actividades inició el pasado 28 de enero, como se realizaba en la época prehispánica, con la Caminata por los Montes (Uanápekua), para transportar el Fuego Sagrado desde Conguripo a Nahuatzen.
En la actualidad, aseveró Patricia Terán, esta fiesta purépecha simboliza la unidad y el fortalecimiento de este pueblo indígena contemporáneo, al recuperar los ritos y demás elementos tradicionales que puedan ser útiles en los ámbitos cultural, social, espiritual y educativo.
A lo largo de la semana de actividades previas a la Ceremonia del Fuego Nuevo, resaltan los símbolos de estas comunidades, como son la bandera Purépecha (Anatsikukua-), el Bastón Ceremonial y la Piedra Calendario (Mindaskuarheta), además de los emblemas mencionados con anterioridad.
Una vez encendido el Fuego Nuevo, los dirigentes purépecha rememoran su historia y ofrecen un mensaje basado en el pensamiento de sus antepasados, dando paso al Tiempo Nuevo. Los representantes de las cuatro regiones, entonces, comparten el fuego en trozos de ocote, para recibir la energía que otorga el elemento renovado.