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jueves, 26 de septiembre de 2019

DON RAFAEL DE RUIZ




En la antigua Villa de Pitic, en el estado de Sonora, durante los inicios del siglo XIX, vivían cuatro Padres Conspicuos; es decir, padres ilustres y sobresalientes,  que pertenecían a la Orden Franciscana. Siempre llevaban una capucha que nunca se quitaban, e iban descalzos. Los habitantes de la villa se burlaban de ellos y les llamaban los “padres mocosos”, por sus ojos siempre llorosos y sus narices irritadas. Los Padres Conspicuos caminaban en parejas por las calles rezando todo el tiempo, hasta llegar al río cercano a la villa, donde se detenían, miraban hacia los puntos cardinales, lloraban, y luego se regresaban al convento donde vivían, siempre en completo silencio.

Por esa época, llegó a la Villa de Pitic don Rafael de Ruiz de Avechucho, dispuesto a contraer matrimonio con alguna criolla, pues se consideraba que eran muy honestas. Buscar novia entre las criollas se había hecho costumbres, y muchos caballeros españoles acudían a la Villa con tal propósito, pues pensaban que las españolas se habían vuelto un tanto licenciosas.
Don Rafael no era muy rico, pero sí acomodado. En cuanto llegó hizo buenas migas con el Padre Prior del convento franciscano. Frecuentemente entraba a la iglesia para depositar su limosna que serviría para prestar ayuda a los indios seris y pimas de la región, que siempre se acercaban, hambrientos y enfermos, a la Villa de Pitic a solicitar caridad.
Al poco tiempo de haber contraído matrimonio a don Rafael se le enfermó la criollita de una horrible epidemia que asoló por esos tiempos a la Villa. En seguida, el español acudió al convento franciscano solicitando ayuda médica, pero la enfermedad había avanzado mucho, y doña Blanca, a pesar de su fortaleza y juventud, se encontraba a punto de morir. Don Rafael, desesperado, pidió al Padre Prior que le enviara a los padres Conspicuos, con la esperanza de que la sabiduría de los religiosos encontrara algún remedio para aliviar a la desgraciada esposa. Ante la petición el Prior contestó que no existían tales padres Conspicuos, que se trataba de una leyenda inventada por el pueblo. Pero don Rafael no le creyó y, muerto de angustia, se dirigió al río buscando desesperadamente a los padres Conspicuos. Llamó, gritó, imploró y hasta maldijo a los padres; pero todo fue inútil, los Padres Conspicuos nunca aparecieron y nunca nadie les volvió a ver. Doña Blanca murió y el desdichado de don Rafael se volvió completamente loco.


lunes, 11 de febrero de 2019

LOS FANTASMAS DE ORTIZ




El 19 de febrero de 1983 en Sonora Ortiz ocurrió un terrible choque entre un tren de carga y un tren de pasajeros, en el cual murieron aproximadamente 400 personas, de forma muy impactante.

Muchos cuerpos quedaron calcinados, destrozados y otros tantos destazados. A pesar de la magnitud, hubo sobrevivientes.

Desde entonces las almas de las personas que murieron ese día, quedaron atrapadas en el lugar, principalmente por la terrible forma en que fallecieron. Dejando impregnado en el ambiente, un profundo dolor y tristeza que ataca a cualquier que pase por las vías. Dejando también presenciar las apariciones de sus espíritus, que piden en todo momento ayuda, pues muchos de ellos ni siquiera se dieron cuenta de que habían muerto por lo repentino del encuentro entre los dos trenes.

La investigación sobre el suceso arrojó que tal accidente se debió a un error humano, y se cree que muchas de estas almas no descansaran hasta tener justicia y el culpable les acompañe en el mas allá.

A parte de presenciar los encuentros hay quienes han podido sacar fotografías y videos, en los cuales los fantasmas siempre se presentan de la misma manera, con un rostro invadido completamente por el dolor.
Curiosamente la temperatura de la zona especifica del choque es más baja que su alrededor, y en ciertas ocasiones, las vías se iluminan y tiemblan como si un tren circulara en ellas, hay quienes aseguran haberlo visto pasar, pero esas vías no han sido utilizadas después de aquel triste suceso.
Si alguien se atreve a comprobar por sí mismo la presencia de estas almas, no necesita más que una vela encendida, y sentarse a esperar el desfile de las sufridas almas que se han cansado de penar y buscan la luz que los lleve por fin al descanso eterno.


sábado, 7 de julio de 2018

LA CARRETERA




Hay muchas historias sobre figuras misteriosas que se aparecen en las carreteras, muchas de ellas buscan hacer daño pero otras son almas que únicamente quieren ayudar a las personas en peligro.

Este es uno de los famosos casos de una aparición en Sonora, México.

Un hombre que solía trabajar viajando por todo el país, un día tuvo que entrar a ese estado para entregar una carga. Solía viajar de noche porque de esa forma el tránsito era menor y conseguía llegar más rápido a su destino. Así fue como vivió una de las más sobrenaturales experiencias de su vida que te contamos a continuación.

Cuando viajaba por la carretera hacia Sonora se encontró con un hombre que le pedía lo llevará a uno de los poblados cercanos. Durante todo el camino comenzaron a platicar de forma normal, hasta que llegaron cerca de Hermosillo el hombre se bajó del camión y se despidió amablemente. Mientras caminaba se tiró por una barranca de una forma inesperada. El hombre que iba en el autobús se frenó y se regresó de inmediato para ayudarlo.

Bajó por el acantilado, pero lo único que observó fue un coche en llamas que parecía haber caído recientemente. De inmediato se acercó porque escuchó a una mujer pedir ayuda. Se acercó a ella y justo cuando sostenía su brazo pudo ver que al lado de ella se encontraba el cuerpo del hombre al que había llevado en el autobús.

En realidad, se trató del espíritu del hombre que salió a buscar ayuda para salvar a su esposa que aún se encontraba con vida. Sucesos así son frecuentes dentro de las carreteras de Sonora. Muchos dicen que aún se puede ver a ese misterioso hombre caminar sobre la carretera pidiendo ayuda, pero nadie puede notar que se trata de un espíritu pidiendo ayuda.


martes, 15 de septiembre de 2015

LOS PADRES CONSPICUOS



En la antigua Villa de Pitic, en el estado de Sonora, durante los inicios del siglo XIX, vivían cuatro Padres Conspicuos; es decir, padres ilustres y sobresalientes,  que pertenecían a la Orden Franciscana.

Siempre llevaban una capucha que nunca se quitaban, e iban descalzos.

Los habitantes de la villa se burlaban de ellos y les llamaban los “padres mocosos”, por sus ojos siempre llorosos y sus narices irritadas.

Los Padres Conspicuos caminaban en parejas por las calles rezando todo el tiempo, hasta llegar al río cercano a la villa, donde se detenían, miraban hacia los puntos cardinales, lloraban, y luego se regresaban al convento donde vivían, siempre en completo silencio.

Por esa época, llegó a la Villa de Pitic don Rafael de Ruiz de Avechucho, dispuesto a contraer matrimonio con alguna criolla, pues se consideraba que eran muy honestas.

Buscar novia entre las criollas se había hecho costumbres, y muchos caballeros españoles acudían a la Villa con tal propósito, pues pensaban que las españolas se habían vuelto un tanto licenciosas.

Don Rafael no era muy rico, pero sí acomodado.

En cuanto llegó hizo buenas migas con el Padre Prior del convento franciscano.

Frecuentemente entraba a la iglesia para depositar su limosna que serviría para prestar ayuda a los indios seris y pimas de la región, que siempre se acercaban, hambrientos y enfermos, a la Villa de Pitic a solicitar caridad.

Al poco tiempo de haber contraído matrimonio a don Rafael se le enfermó la criollita de una horrible epidemia que asoló por esos tiempos a la Villa.

En seguida, el español acudió al convento franciscano solicitando ayuda médica, pero la enfermedad había avanzado mucho, y doña Blanca, a pesar de su fortaleza y juventud, se encontraba a punto de morir.

Don Rafael, desesperado, pidió al Padre Prior que le enviara a los padres Conspicuos, con la esperanza de que la sabiduría de los religiosos encontrara algún remedio para aliviar a la desgraciada esposa.

Ante la petición el Prior contestó que no existían tales padres Conspicuos, que se trataba de una leyenda inventada por el pueblo.

Pero don Rafael no le creyó y, muerto de angustia, se dirigió al río buscando desesperadamente a los padres Conspicuos.

Llamó, gritó, imploró y hasta maldijo a los padres; pero todo fue inútil, los Padres Conspicuos nunca aparecieron y nunca nadie les volvió a ver.

Doña Blanca murió y el desdichado de don Rafael se volvió completamente loco.

martes, 16 de junio de 2015

LA MINA SONORENSE "LA TARASCA"



Dice la tradición que en 1580 los españoles, en su avance expedicionario por las tierras del norte, atacaron a los pueblos yaquis con el propósito de someterlos.

Desconociendo los soldados hispanos el orgullo y la bravura de estos indios, les declararon la guerra, trabándose un feroz combate que terminó en derrota para los invasores, quienes se vieron forzados a huir.

Sin embargo, dos soldados -hermanos entre sí- se desligaron de la tropa y se dirigieron hacia el norte.

Así fue como llegaron a la sierra de La Palma, cerca de Guaymas, y prosiguieron al norte por esta mañana, evitando a los feroces seris.

En su camino se toparon con los pimas, con los cuales entraron en confianza y los instruyeron en cosas desconocidas para ellos, hasta que fueron admitidos.

Se supone que estos pimas trabajaban una mina de oro, conocida hoy como La Pima, situada en un profundo cañón.

Pero los españoles, en sus andanzas por aquellos lugares, descubrieron La Tarasca al explorar la veta hacia el sur, ya fuera del cañón.

A estos hermanos se debe el nombre de “La Tarasca”.