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lunes, 4 de noviembre de 2019

LOS CUADRNOS DE DIOS




Había una vez un Maestro, que en medio de su humanidad; sentía que cada día, era simplemente uno y otro más. Su trabajo a veces se le convertía en rutina, papeles que llenar, situaciones difíciles para solucionar, casos imposibles, esfuerzos vanos que parecían invisibles para sus estudiantes y también para los demás… llegaba a pensar muchas veces, que en estos tiempos podía ser mejor hacer cualquier otra cosa, menos enseñar.

En esa búsqueda del camino, intentó hablar en oración con Dios, y le dijo:

Señor, tu que eres el Maestro de Maestros, dime con claridad; ¿cuál es realmente mi misión?; pon en mis manos las herramientas que me ayuden a realizarla a cabalidad. Dios que siempre sabe como llegar y estremecer el corazón, le entregó dos cajas, una llena de lápices de diferentes tamaños, algunos sin punta, otros sin borrador; y en la otra, un buen número de cuadernos, habían nuevos, organizados, con sus hojas blancas y limpias, otros ya iniciados, también bastante avanzados, muchos de ellos desordenados, con hojas rotas, inconclusas, que inspiraban solo ganas de botarlos.

El Maestro desconcertado sin entender bien lo que Dios le quería decir le preguntó:

¿Qué quieres que haga con esto? ¿Acaso es lo que necesito para dar mi lección?... ¿si quieres selecciono los que estén buenos y nuevos, los otros los desecho, para que los trate de utilizar otra persona que quizás lo haga mejor?

Dios con una sonrisa, una mirada y un toque de nostalgia y amor le respondió:

No te apresures, reflexiona bien, que en todo ello que ves ahí, está tu misión: la de enseñar a leer y escribir.

Cada cuaderno representa al alma de aquel niño o joven que se te ha confiado, están los cuadernos limpios, que al parecer no han sido estrenado, pensarás que es más fácil en ellos escribir; no vienen con historias que otros han marcado, de ti depende lo que ahí dejes consignado.

Y qué decir de esos cuadernos que aunque han recorrido muy pocos años, traen muchas de sus hojas escritas por otras manos; las hay de dolor, otras inconclusas que han dejado solo vacíos y desamor, hasta hay algunas que parecen historias de terror, los cuadernos de los adolescentes, son los que quizás peor están, hay hojas arrancadas por momentos vividos que prefieren no recordar, pero aunque esa hoja no se vea, ahí en el alma quedan los recuerdos de eso que les ha de atormentar; hay también en ellos desamor y soledad… y como Maestro llegamos a pensar que es difícil y hasta imposible cambiarle el rumbo a esa narración y tratar de escribir en ellas un final feliz… he ahí nuestro mayor reto, aunque parezca imposible de realizar; el verdadero sentido y carisma de la educación, es la de redimir desde el amor.

En la otra caja encontrarás los lápices que ellos utilizan para aprender a escribir; es lo que tienen, lo que les han dado o simplemente lo que en el camino han encontrado; los hay de diferentes tamaños, los más grandes pueden ser los más cómodos y fáciles para enseñar; los más pequeños pueden a veces perturbar, hacen que se quejen de ellos, que los quieran cambiar o prefieran
renunciar; están los que no tienen borrador, estos inspiran algo de temor, porque lo que se escriba con ellos no se puede borrar; hay lápices sin punta que algunos prefieren elegir, para no escribir los momentos tan duros que les toca a veces vivir; estos lápices dejan vacíos en el interior, que logra interferir con que se experimente paz en el corazón.

No importa que lápiz usen, de ti depende que con tu mano sobre su mano, muchas veces recorriendo un largo camino sin soltarlos, les enseñes a tomarlos y orientes sus trazos; aprendiendo a escribir en ellos como yo, derecho en renglones torcidos; o construyendo historias donde el protagonista sea el amor.

El Maestro tiene la misión de ser un escritor, que a la vez enseñe a leer y a escribir… de él depende que todas esas almas que encuentra a diario en el aula o salón, redescubran en los distintos acontecimientos que viven mis más grandes manifestaciones de amor; aprendiendo a leer en todo ello, mi historia de Salvación.

No puedes escribir lo mismo en cada cuaderno que recibas, cada uno tiene una historia para contar; el tiempo que lo tengas en sus manos dejará algo ahí grabado, ya sean páginas llenas de sueños y esperanzas, hojas vacías que inspiren soledad, u otras que sigan contando las tragedias que a diario se nos muestran en esas noticias que a la sociedad les gusta contar; simplemente porque fuimos indiferentes a ellas o porque perdimos la fe de poder darles otro rumbo y escribir en ellas una capítulo nuevo que les ayude a ver la luz en medio de la oscuridad.

No digas: "Yo no se escribir!, porque si confías en mí, seré Yo, el Maestro de Maestros, el que te sepa guiar y haré de ti una carta abierta escrita con el tinte del Espíritu para ser protagonistas de una historia de salvación".

miércoles, 30 de octubre de 2019

RELÁMPAGO




El relámpago es un resplandor muy vivo producido en las nubes por una descarga eléctrica.
Existen diferentes explicaciones alternativas de cómo se produce la luz del relámpago.
La diferencia de voltaje se debe sobre todo a las diferentes velocidades de ionización de los componentes de los gases que forman dichas nubes.
La ionización de estos componentes se debe en sí misma al efecto de la luz solar y a la diferencia de temperaturas entre los distintos estratos de la nube, así como a la diferencia de temperaturas entre día y noche.
A diferencia del rayo, el relámpago desciende de las nubes en forma ramificada y jamás llega a la tierra aunque el mismo siga, al igual que el rayo, lo que se llama gradiente de voltaje o de potencial eléctrico; esto es, la línea recta más corta que une dos variaciones máximas de voltaje, dándole al rayo esa forma tan peculiar.
El relámpago se produce así: Cuando llueve sobre la superficie terrestre, se produce evaporación natural (causada por el fenómeno de la convección), llevando hacia arriba gotas de agua, es decir, H2O. Mientras tanto, a una altura de 2,5 a 3 kilómetros donde la temperatura es de 15 a 20 grados Celsius bajo cero, se producen partículas de hielo que caen por gravedad y que chocan con las gotas de agua que suben por la evaporación. Estas fricciones y colisiones producen separación de cargas eléctricas (disociación), y se genera un campo eléctrico, es decir, fuerzas que se ejercen entre cargas, hasta que llega el momento en que se dan transferencias de cargas, comúnmente conocidas como relámpagos.


jueves, 24 de octubre de 2019

PLATICA CON EL ESPEJO




Todos los días, cada mañana, ella se paraba ante el espejo, se miraba fijamente queriendo descubrir no sé que cosa, al principio tan solo silencio, algunos gestos y luego: -“Espejito, espejito, dime: ¿Cómo me veo?”-

-“La respuesta está en ti, Decía el espejo”-

-“Pero, ¿cómo puedo responderme, si precisamente para eso vengo? necesito que me digas cómo me veo, dime algo, porque si no, no sabré si estoy bien o mal”-  Agregaba el o ella con angustia e inseguridad

-“Yo no soy quien dice como te ves, ni mucho menos como estás; yo tan solo intento reflejar lo que tú alcanzas apreciar de ti misma o lo que crees que ven en ti los demás”-

-“Es tan difícil el que yo pueda decirme cómo estoy, ¿Qué tal que no le guste a los otros? ¿Qué voy hacer si no me aceptan por la manera como me visto o me peino, o la forma como llevo el cabello, el color de mis ojos, mi sonrisa, mis dientes, las marcas que en mi cutis poseo; mis piernas, mi ropa, los zapatos, como camino o me siento?”-

-“Entonces realmente no deseas saber cómo te ves, sino cómo te ven
los demás, veo que de eso depende el que te sientas bien o mal”-

-“¿Será? no lo creo… vengo ante ti porque quiero que me digas ¿Cómo me veo?”-

-“Y si te digo que te ves mal, aunque te sientas bien con lo que llevas puesto; o por el contrario, si digo que te ves muy bien, aunque te incomode la ropa o creas que no es tu mejor atuendo; ¿qué harías?”-

-“No lo sé, quizás te haría caso porque eres mi espejo, eres como un amigo, no me fallarías ni me dirías cosas que no son, eso creo”-

-“Eso no depende de mí, sino de ti; yo no soy quien dice como te ves; yo tan solo soy tu reflejo”-

-“Entonces, ¿Por qué es tan difícil saber como me veo? no lo entiendo”-

-“Quizás porque vives más pendiente de descubrir cómo te ven los demás; tu autoestima depende de su aprobación y de que ellos logren aceptarte cómo eres; o logres acomodarte y ser como ellos quieren que seas. Los seres humanos viven en un mundo de apariencias, donde nadie se siente satisfecho con lo que es ni con lo que tiene, buscan seguir una moda que no a todos acomoda, pelean con el espejo, porque tienen miedo de ver el concepto que de sí mismo han construido por las opiniones del mundo que no logra ver más allá”-

-“Sabes, algunos me dicen que soy linda; pero no lo creo, mira estos gorditos que tengo; ¿y si me cambiara mi color de ojos y de pelo?; quizás así lograría realmente serlo, y si me compro esa pinta con la moda del momento; ¿Será que me queda; Será que les gusta a mis amigos como me veo? Dime algo espejito, se me hace tarde y aún no me he alistado, no se si esto que he escogido es lo mejor; no quiero estar fuera de honda, quiero que todos me admiren y me digan que estoy hermosa hoy”-

-“Ya te lo dije, de mi no depende, pregúntale a otro mejor, puedo decirte mil cosas, como las que dijo aquel espejo a esa Reina que quería saber si era la más bella y él dijo que no ¿Recuerdas como se lleno de odio y frustración su corazón? No quiero que mas adelante peles conmigo y tengas miedo de verme, porque cada vez que vienes solo quieres que te refleje aquello que deseas escuchar de los demás aunque sea superficial, esperas de mí que te recuerde tu inconformidad. Recuerda que así como los ojos son el espejo del alma y muestran lo que en tu corazón hay; yo tan solo quiero reflejar lo que ves de ti misma y no lo que dicen de ti los demás. Ven a mí para ver si te quedó bien acomodado el peinado, si te bañaste bien, si quedó todo en ti acorde y organizado; intenta descubrir a través de mí las maravillas que Dios te ha dado y no te pares aquí tan solo para lamentarte por aquello que te desagrada y los desconciertos que sientes, porque crees que así como eres a nadie le agradas y no eres feliz de verte con lo que posees”-

-“Tendré que comprar otro espejo, este parece que está empañado, será que ya está viejo? no me dice lo que quiero, solo expresa cosas que ni entiendo… Agrega ella enojada por no haber escuchado lo que esperaba”-

Y así, seguía buscando de espejo en espejo que alguno le dijera cómo se ve, qué debe cambiar o mejorar, cómo puede estar a la moda o cómo logra a otros agradar… de todos escuchaba algo distinto, ninguno le satisfacía, muchos le hacían cambiar a su antojo, se hacía cirugías, tintes, permanentes, alisadas, liposucción, terapias y mil enredos más, ella solo escuchaba lo que anhelaba escuchar.

Esta historia se repite cada día con cada ser humano que construye un concepto de belleza demasiado superficial; hombres y mujeres inconformes con lo que son y poseen que se cambian y transforman al antojo de la moda que imponen los demás; sintiéndose cada vez más vacíos, buscando una felicidad efímera que depende del concepto que de sí mismo tengan otros, y de los paradigmas de la sociedad que construye tan solo en la forma un estilo de vida que no lleva a la realización, sino a la frustración porque es imposible complacer a todos, siempre habrá alguien que diga, ese peinado no es el mejor, hay una nueva cirugía que te ayuda a mejorar aquello, o si te cambias el color, te aproximarás a la perfección.

Por ello los que no encajan en ese molde de belleza o normalidad, se tendrán que enfrentar cada día a los juicios materialistas de la humanidad que le pone tamaño y valor a lo que a simple vista se ve, sin darse cuenta que lo esencial se encuentra mucho más allá.

¿Y tú, qué le sueles preguntar a tu espejo? ¿Qué esperas de él escuchar? ¿Cómo logras verte a ti misma? ¿Acaso lo que realmente eres, o lo que esperan encontrar o ver en ti los demás? recuerda, quizás del diálogo con tu espejo dependa tu realización y hasta tu felicidad…


viernes, 11 de octubre de 2019

KIKAPU




La tribu de los kikapú habita algunas zonas de los estados del norte de México. En el nuevo Pueblo Mágico de Melchor Múzquiz en Coahuila, puedes entrar en contacto con ellos y conocer más sobre su estilo de vida y sus tradiciones.

Se cree que los antepasados de esta etnia deambulaban por los paisajes nevados del norte de Canadá. Por mucho tiempo, se establecieron en la zona en donde hoy es el estado de Indiana, en Estados Unidos. A mediados del siglo XVIII huyeron hacia el sur para escapar a los colonizadores europeos y se establecieron en Oklahoma, Kansas y Coahuila.

Guadalupe Victoria, primer presidente de México, les cedió más tierras en Texas. Otros presidentes que han apoyado de alguna forma a los kikapú son: Benito Juárez, que les dio la posesión definitiva de sus tierras; Venustiano Carranza, que les donó 7 mil hectáreas; Lázaro Cárdenas, que los visitó y les proporcionó apoyos para el trabajo agrícola.

Los kikapú se dedican a cultivar maíz, frijol y calabaza y también a la ganadería y a la producción de artesanías. La máxima autoridad es el “capitán”, que tiene autoridad civil y religiosa. Esta figura es elegida por el pueblo y cumple funciones como: representar a la tribu ante autoridades, resolver conflictos y dirigir ceremonias.

La religión es uno de los ejes principales en la vida de un kikapú. Kitzihiata, el espíritu creador, domina todo lo existente, lo material y lo que no lo es. Tanto lo orgánico como lo inorgánico tiene vida propia y, como seres humanos, estamos interrelacionados con la Tierra y el cosmos. Es por eso que, al morir, el cuerpo pasa a formar parte de la tierra y renace –al enterrar a los difuntos, siembran un árbol encima de la tumba.

Un dato curioso acerca de los kikapú es que, al vivir en poblados que se encuentran tanto en Estados Unidos como en México, tienen total libertad para transitar entre ambos países sin necesidad de presentar documentos.



AGRIDULCE




Dice un viejo refrán: "ni poco que no alumbre, ni tanto que queme al Santo"

Lo que hace más intensa y emocionante la vida, es el sabor agridulce que tiene: los momentos de gozo y paz que nos regala, así como los retos, tropiezos y laberintos que a veces nos deparan.

Demasiado dulce, enferma y hastía; mucha agua, ahoga la plantita; las multitudes suelen asfixiar; es necesario a veces experimentar desierto y la soledad, regalarnos la oportunidad de extrañar, para así aprender a valorar, soñar un poco, anhelar.

El facilismo y la comodidad, atrofian nuestras fuerzas, nos debilitan las alas a la hora de querer más alto volar. Hay quienes se van al otro extremo, les gusta caminar sobre espinas, aislarse del mundo, compadecerse de sí mismos, culparse de todo lo que pasa a su alrededor, sentirse siempre perseguidos o convertirse en perseguidor.

Por algo existen el día y la noche, lo blanco y lo negro, lo mucho y lo poco, lo grande y lo pequeño; para mantener el equilibrio y la diversidad, que todo lo que busques y necesites, en el mundo lo encontrarás, Dios dejó un toque de su perfección en cada ser, cosa o criatura que supo crear.

No te rindas en el intento, mucho menos en cualquier tropiezo; cada nuevo día trae consigo otra oportunidad, hay que guardar siempre la esperanza de lo que vendrá; ponerle sabor a la vida con una pizca de azúcar o de sal, disfrutar de esa sensación agridulce que nos enseña a reír y llorar, a enojarnos de vez en cuando, sentir a veces miedo o soledad; no perder nunca la fe y la paz, que nos mantiene con la mirada en el cielo, sin los pies de la tierra despegar.

La vida es un salpicón de emociones, en la cual se nos permite de todo un poco disfrutar, no nos quedemos estancados, menos cuando sintamos que nada tiene solución, o que todas nuestras metas las hemos logrado; el pasado no volverá, el futuro nadie lo tiene garantizado; lo único seguro es que

Dios nos lleva de la mano, de El venimos y hacia El vamos; esa es nuestra realidad.

miércoles, 9 de octubre de 2019

EL PROCESO DE VIVIR




Vivir es un proceso que implica estar en constante evolución, ubicar piezas, ir construyendo, y así sentir que realmente estamos creciendo. Parece ser un juego de arma todo, en el cual elegimos la ficha que queremos colocar, con el peligro de no encontrar la precisa, o no saber que armar y nos quedamos acomodados contemplando la obra por donde vamos, pensando qué hacer, reflexionando si es necesario quitar, reubicar, romper o volver a empezar; esas fichas pueden ser personas, decisiones, pasos, todo aquello que le va dando forma y fondo a nuestro existir y hasta más. 

Ocurrirá también que en el afán de vivir y ser feliz, ubiquemos piezas mal acomodadas, tengamos elecciones equivocadas, nos saltemos etapas, queden baches o imperfecciones en nuestra construcción y se venga abajo nuestra edificación; o suele suceder que antes de que se derrumbe por sí sola, sea necesario romperla, aunque ese desprendimiento y acomodamiento desgarre el alma y duela, porque mientras que se den pasos equivocados, algo funcionará mal, no podremos experimentar paz; y aunque cueste desacomodarse, dejar ir, romper o soltar, debemos hacerlo, ser fuertes, capaces de arrancar y derrumbar aquello que quizás no nos ayudará a crecer ni avanzar. 

Este construir, ubicar, desacomodar, romper y volver a empezar; es un proceso constante que debemos vivir para crecer por dentro, no detenernos en el intento y luchar por lo que realmente implica ser feliz. 

Ahí aparecen diferentes tipos de personas, están aquellas que nos orientan, nos dicen que fichas tomar primero, nos dan luces para que aprendamos a ubicarlas en el lugar preciso y no queden vacíos, piezas mal colocadas, ni mucho menos añadidas a la fuerza sin quedar bien encajadas. Pero también están aquellos que pretenden que vivamos a su manera, se apoderan de nuestros fragmentos, apartando, tomando para ponerlas a su antojo, sin tener en cuenta lo que realmente soñamos, necesitamos y queremos.

Son procesos que no se miden, ni se encasillan en el tiempo; se dan sin programarse, simplemente cuando experimentamos por dentro que debemos hacerlo; porque habrá instantes en que sentimos que algo nos incomoda, nos duele o nos hace sentir vacíos, será necesario revisar lo que hemos construido, detectar cualquier espacio que haya quedado, o descubrir el pedazo que está mal acomodado o elegido de forma equivocada; es ahí cuando hay que corregir, reparar, quitar, reubicar, desprenderse, romperse, pero no permitir acomodarse y seguir construyendo sobre lo que no tiene base o está mal. 

Todo lo que exige de nosotros cambio, transformación, cambiar la rutina, romper, arrancar y volver a empezar, suelen ser pasos muy difíciles de dar, que requieren nuestra mayor fuerza, fe y voluntad. Pero es necesario hacerlo, poner lo mejor de cada uno, confiar en Aquel que se inspiró en nuestra vida y quiere desde nuestra pequeñez cosas grandes lograr; no nos detengamos en el intento, procuremos cada día mover una pieza, colocar otra, aportar así sea un granito de arena, romper lo que no esté bien, pero siempre construir, crecer, renovar, avanzar y transformar.


viernes, 27 de septiembre de 2019

AHÍ ESTÁ TU CORAZÓN




Muchas veces cometemos errores, porque no logramos descubrir lo que
es realmente importante.

Se le culpa de esto a los jóvenes, porque consideramos se dejan llevar por los impulsos; pero hay adultos que disfrazan su conciencia, para sentir que lo que hacen es lo mejor, aún sabiéndolo que no es así.

Bien lo dice el evangelio: "Dónde está tu tesoro, ahí está tu corazón"... mi pregunta es: ¿En qué cosas o personas se pone el corazón?

A veces creemos que lo importante es lo que nos causa placer o es para beneficio propio aunque pase por encima de muchas cosas.

Es fácil justificarnos y estirar la conciencia, acomodándola a nuestros actos.

Con el paso del tiempo y mientras vivimos, nuestros actos, nuestro ser de persona, va adquiriendo responsabilidades y compromisos que hay que cumplir a cabalidad.

Los derechos van de la mano con los deberes... si cumplimos nuestro deber, tendremos derecho a reclamar lo que merecemos y/o necesitamos.

Hay derechos gratuitos, se nos dan por el solo hecho de estar vivos y ser seres humanos hay derechos que se ganan de acuerdo a lo que somos y hacemos.

Por ejemplo, una mujer que se casa, adquiere compromisos como Madre, que van por encima de todo lo demás, porque tienen hijos que depende de ella, lo mismo los padres.

Una persona que estudia y alcanza una profesión, tiene derecho al trabajo, pero a la vez el deber de cumplir éticamente y a cabalidad su misión, dentro de su profesión.

¿Qué es lo que es realmente importante para nosotros? ¿acaso las cosas materiales, las fiestas, la diversión, el placer y los beneficios propios? ¿ o aquello que de verdad depende de nosotros porque hacen parte de nuestros compromisos o tienen un valor grande en nuestra vida?

¿Y Dios? ¿En qué lugar lo tenemos? ¿le damos el lugar que se merece en nuestra vida?

Pienso que lo primero es saber responder a nuestros deberes como ser humano, como católico, como hombre y/o mujer, como profesional y todos los que hemos adquirido.

A cada uno se nos han dado dones y talentos para que a lo largo de nuestra vida los cultivemos y los multipliquemos, y eso se logra si los trabajamos responsablemente y los ponemos al servicio de los demás... a lo largo de ese proceso, se pude disfrutar de ellos y defender los derechos que hemos adquirido.

Cómo cuesta entender esto y descubrir lo que realmente es primordial.

Nos dejamos llevar por las necesidades del cuerpo, por el placer, por aquello que nos aumenta nuestros beneficios.

Tratemos de ver las cosas con los ojos de Dios; descubramos los dones y talentos que se nos han dado y trabajemos por multiplicarlos, no para beneficios propios, sino para ponerlos al servicio de los demás y devolverlos a Aquel que nos lo dio, que es realmente el dueño.

Pensemos en lo que es realmente importante, pues hay muchas personas
que necesitan de nosotros y no les estamos dando el lugar que merecen.

¿Cuáles son tus tesoros? ¿Qué es lo que realmente tiene importancia para ti?

DONDE ESTA TU TESORO AHÍ ESTA TU CORAZÓN eso nos dice el Señor.


martes, 24 de septiembre de 2019

LOS ENCUENTROS DE CADA DÍA



En el encuentro de cada día, al principio lejano y luego sin darse cuenta se va dando la cercanía; se cruzan las miradas y se acomodan en aquello que impresiona o cautiva; un gesto, una sonrisa, las palabras que encajan y se sintonizan; permitiendo contemplar lo que muy dentro de cada quien habita.

Parecieran que fueran uno más entre todos los que muy cerca caminan, siguen de largo o se detienen, a veces se notan a sí mismo indiferentes; no hay nada especial aún, no se programa nunca lo que se siente; tan solo surge sin avisar, se instala en el alma como una nueva luz que se enciende.

Un detalle puede acercar las almas; una frase o comentario que se ofrece como si nada, pero que logra tener eco y produce resonancia; el aparecer por arte de magia cuando más se necesitaba; el descubrir afinidades, explorar a pie descalzo el alma; ir creando rituales que inspiran confianza y calma.

Y en ese compartir momentáneo se descubren y resaltan cualidades, surgen afinidades; la presencia se hace amena y necesaria, se van creando lazos especiales; quizás aún no lo definen y ni lo saben; pero ya no son parte de un montón; los nombres se leen diferentes, porque al pronunciarlos, algo nuevo y muy profundo se siente.

Las escenas compartidas, ya no se olvidan; renacen en cualquier pensamiento, sin importar un lugar u hora ya sea de noche o de día; dibujan en el rostro lágrimas o sonrisas que quienes ajenos las ven, no saben qué las motiva; se reconstruyen los episodios interiormente, queriendo que cada momento vivido se eternice para siempre.

Se busca cualquier oportunidad para saber como están, para compartir lo que hicieron, hacen o harán; ya el diario vivir de cada quién, no hace parte solo de uno, sino de dos; se sienten parte de un algo que sin entender exactamente qué es, son conscientes que es muy valioso y especial, y hay que cuidarlo y cultivarlo.

Y aparecen los detalles sin pedirlos ni programarlos, son inspirados, surgen voluntarios; Se preocupan el uno del otro, queriendo verle siempre bien, siendo capaz de hacer lo que sea porque así fuera y nada ni nadie le empañe, le haga llorar o temer.

Ante todo esto, saben que aunque puedan estar físicamente lejos, se encuentran demasiado cerca, porque ha nacido un sentimiento; tan fuerte que estrecha las almas, tan puro que no empaña y permite contemplar la esencia; tan libre que no exige ni ata, tan noble que no juzga sino que perdona; tan cierto que habla con la verdad, tan intenso que permite sentirlo siempre, pensarlo al despertar en cada momento y soñarlo a la hora de descansar.

No hay duda, existe una nueva estrella en el firmamento, ha nacido un sentimiento, puedes ponerle por nombre, Amor o Amistad.

sábado, 31 de agosto de 2019

LA PITAHAYA




Lo que hace más intensa y emocionante la vida, es el sabor agridulce que tiene: los momentos de gozo y paz que nos regala, así como los retos, tropiezos y laberintos que a veces nos deparan.

Demasiado dulce, enferma y hastía; mucha agua, ahoga la plantita; las multitudes suelen asfixiar; es necesario a veces experimentar desierto y la soledad, regalarnos la oportunidad de extrañar, para así aprender a valorar, soñar un poco, anhelar.

El facilismo y la comodidad, atrofian nuestras fuerzas, nos debilitan las alas a la hora de querer más alto volar. Hay quienes se van al otro extremo, les gusta caminar sobre espinas, aislarse del mundo, compadecerse de sí mismos, culparse de todo lo que pasa a su alrededor, sentirse siempre perseguidos o convertirse en perseguidor.

Por algo existen el día y la noche, lo blanco y lo negro, lo mucho y lo poco, lo grande y lo pequeño; para mantener el equilibrio y la diversidad, que todo lo que busques y necesites, en el mundo lo encontrarás, Dios dejó un toque de su perfección en cada ser, cosa o criatura que supo crear.

No te rindas en el intento, mucho menos en cualquier tropiezo; cada nuevo día trae consigo otra oportunidad, hay que guardar siempre la esperanza de lo que vendrá; ponerle sabor a la vida con una pizca de azúcar o de sal, disfrutar de esa sensación agridulce que nos enseña a reír y llorar, a enojarnos de vez en cuando, sentir a veces miedo o soledad; no perder nunca la fe y la paz, que nos mantiene con la mirada en el cielo, sin los pies de la tierra despegar.

La vida es un salpicón de emociones, en la cual se nos permite de todo un poco disfrutar, no nos quedemos estancados, menos cuando sintamos que nada tiene solución, o que todas nuestras metas las hemos logrado; el pasado no volverá, el futuro nadie lo tiene garantizado; lo único seguro es que Dios nos lleva de la mano, de El venimos y hacia El vamos; esa es nuestra realidad.