Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDA DE PUEBLA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LEYENDA DE PUEBLA. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de octubre de 2018

ZACATLÁN




Hace ya mucho tiempo escuché una leyenda procedente de la ciudad de Zacatlán, Pueblo mágico del estado de Puebla, cuyo nombre significa “lugar donde abunda el zacate”, y al cual se le conoce también con el poético nombre de Zacatlán de las Manzanas, ya nos podemos imaginar el porqué.
Durante la época de la lucha independentista de México, el insurgente Francisco Osorno tomó la ciudad que se encontraba en manos de los españoles y la convirtió en su centro de actividades militares. Osorno había nacido en Chignahuapan el 19 de marzo de 1769, y fue un gran militar que consiguió muchas victorias en la lucha armada contra los colonialistas. Antes de unirse a los insurgentes había sido procesado por ser ladrón de caminos en el estado mencionado de Puebla. Y es de todos sabido que cometió una serie de tropelías antes de convertirse en militar.
Este personaje ha sido objeto de una leyenda popular muy conocida en la región poblana. En Zacatlán existe un templo dedicado a San Francisco, y se dice que en él se aparecía – o se aparece- el fantasma de Osorno. Cuenta la leyenda que cuando sonaba la medianoche dentro del templo se aparecía el fantasma del militar, quien vestido como tal, se arrodillaba ante el altar y gemía y se lamentaba lastimosamente.
Al llegar la madrugada, los gemidos cesaban y el fantasma de Osorno dejaba el templo y se iba caminando por la ciudad de Zacatlán. Al salir se le notaba en la cara el arrepentimiento que llevaba a cuestas. Arrepentimiento por las malas acciones que había cometido en vida.
Muchas fueron las personas que le vieron tanto en el templo como caminando por las calles del poblado. Quien se lo encontraba se llevaba un susto tremendo. Toda la ciudad vivía asustada y temerosa de encontrarle por casualidad.
En cierta ocasión, un centinela que hacía su ronda frente a un cuartel vio pasar una sombra y al momento gritó: – ¡Alto ahí, ¡quién vive! A lo que una siniestra voz le respondió: ¡Soy el brigadier Francisco Osorno, y estoy pagando por mis delitos! El centinela, muy asustado, corrió al cuartel a dar cuenta a sus superiores de la aparición fantasmal. Tanto fue su espanto que pasados siete días murió de puro susto.
Por la ciudad cundió más el pánico, ya nadie quería salir se sus casas y tenían miedo de acudir al templo de San Francisco. Ante esta grave situación, el sacerdote de la iglesia se armó de un crucifijo, velas y agua bendita y, ayudado por el sacristán, recorrió todo el pueblo bendiciéndole, esparciendo el agua bendita y pidiendo al Santo Padre que los protegiera de tan molesto fantasma.
A los pocos días el fantasma ya no volvió. Se había ido a pagar sus culpas a otro sitio. O tal vez ya había sido perdonado por sus fechorías… ¡O tal vez aún sigue gimiendo en el templo de San Francisco! ¡Quién lo sabe!


jueves, 22 de diciembre de 2016

EL NIÑO DE LA BATALLA DE PUEBLA



Esta famosa batalla tuvo lugar en el año de 1862, en las proximidades de la Ciudad de Puebla, durante la llamada Segunda Intervención Francesa. El ejército de México estaba dirigido por Ignacio Zaragoza quien luchaba contra las tropas invasoras comandadas por Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez.
Cuenta una leyenda que un niño zacapoaxtla de la Sierra Norte de Puebla, se encontraba en la cercanía de los fuertes de Lorenzo y Guadalupe, que originalmente fueran capillas edificadas en el cerro Acueyametepec en honor a la Virgen de Loreto y a la Virgen de Guadalupe, y que en los inicios del siglo XIX se convirtieron en fortalezas militares. El lugar era clave para las tropas francesas, pues conquistando los fuertes, se abría el camino hacia la toma de la Ciudad de México. Por tanto era primordial para las tropas de Zaragoza conocer los movimientos de los soldados franceses.
Como no podían ver bien la posición del enemigo, ni siquiera subiéndose a los árboles, cuyas ramas eran muy frágiles, el niño zacapoaxtla se subió ágilmente a un gran árbol con el fin de ver la posición de los soldados franceses y avisar a los mexicanos. Desde lo alto del árbol el niño iba diciendo a los mexicanos las posiciones y movimientos de los invasores.
En ese momento los franceses se dieron cuenta de la presencia del niño y empezaron a atacar furiosamente. El niño persistió en su posición y siguió avisando de los movimientos del enemigo, cuando una terrible bala alcanzó el corazón del chamaco. Cayó al suelo ya muerto y ensangrentado.
Con los informes proporcionados por el pequeño zacapoaxtla, los soldados mexicanos lograron vencer al tan reputado ejército francés. La ayuda había sido valiosísima. Poco tiempo después, enterraron al intrépido mocito, e Ignacio Zaragoza le nombre héroe de la Batalla de Puebla.

lunes, 28 de marzo de 2016

UN LADRÓN ENGAÑADO



Una vez un niño nació en la capilla de una casa en Tepepantzin, Puebla. Era un niño extraño que nunca dormía.

Cuando su papá lo llevaba al campo hacía gala de mucha energía y agilidad: se subía a los árboles, a las peñas y se columpiaba sobre los barrancos.

El papá era carbonero y cuando le decía al muchacho que le acompañara al bosque a hacer el carbón, siempre se negaba y decía que mañana iría y se iba tranquilamente a pasear.

Sin embargo, un día, cuando el padre despertó para irse a fabricar carbón, vio que ya estaba hecho y los troncos carbonosos ardían.

Le preguntó a su hijo cómo lo había hecho y éste le respondió que solito había aprendido.

Cuando el joven se ponía a hacer el carbón lo hacía muy rápido y después se iba a pasear.

Con los años, el muchacho creció y llegó a la edad  de veinte años. Se convirtió en redomado ladrón que iba a las tiendas del pueblo y las saqueaba. En el poblado le empezaron a  apodar El Pillo. No conforme con robar las tiendas de Tepepatnzin, se iba hasta la ciudad de Puebla a llevar a cabo sus fechorías.

Una vez se robó una campana y se la puso de sombrero. Todo lo que hurtaba lo guardaba en una cueva del cerro por Huetziatl.

Pero además de ladrón a El Pillo le gustaba engañar a las personas. Por ejemplo, si encontraba tirado un hueso de caballo lo se convertía en un bello animal brilloso  de largas crines.

Cuando algún jinete se acercaba El Pillo le decía que quería cambiar su caballo por el que traía el caballero. Al ver lo bello que era el caballo de El Pillo, todos aceptaban. Un día le cambió el caballo a un señor y le dijo que no lo montara hasta dentro de un rato.

Pero cuando llegó a su casa el caballo se le desbarató al pobre hombre.

Cansados de tantos robos, un día los soldados le persiguieron para meterlo a la cárcel. El Pillo se metió a una iglesia.

Cuando los soldados entraron al recinto sagrado, solamente vieron a una pobre anciana desdentada que rezaba hincada. Cuando la vieron, le preguntaron si había visto a El Pillo, pero la mujer contestó que no. Otra mujer que observaba la escena, les indicó a los soldados que la viejecita era nada menos que el ladrón tan buscado.

El Pillo salió huyendo hacia el cerro donde se escondió en una cueva. Vistió a un maguey con sus ropas y le agregó una vara de chinamite, a manera de fusil. Los soldaos al verlo le dispararon hasta agotar municiones pero nunca lo lograron matar, pues sólo se trataba de un maguey.

Un día, se robó a una muchacha y se puso a vivir con ella. Tuvieron un hijo que prometía ser peor que el padre.

Pero como no era lo que El Pillo deseaba, con un cuchillo le abrió el vientre a la mujer y le sacó al nene. Ambos murieron.

Cansado de tanta maldad, un cierto día El Pillo se entregó a los soldados y les dijo que lo mataran y lo cortaran en muchos pedazos, tantos que no pudiera volver a unirse y seguir robando y engañando.

Así se hizo: mataron al ladrón, lo cortaron en muchos pedazos, los enterraron muy lejos uno del otro y  santo remedio, nunca más volvió a aparecer El Pillo, y todos descansaron de sus fechorías.



miércoles, 20 de enero de 2016

LA NIÑA RUBIA



Había una vez una muchacha llamada Herminia que estudiaba enfermería en la Universidad de Puebla, aunque era originaria de Tlaxcala. Junto con otras dos muchachas alquilaba un departamento cerca de la universidad.

Como no iba muy bien en la facultad y había reprobado dos materias, decidió hacer cursos extras en las vacaciones de agosto.

Una noche tocaron a su puerta. Herminia fue a abrir y se encontró con una niña de siete años. Era muy bonita, de pelo rubio y ojos café oscuro.

Con cara contrita, la niña le dijo a la muchacha que estaba perdida; la hizo entrar y le dijo que llamaría a la policía, sin embargo, la niña le rogó a Herminia que le diera un vaso con leche, y que la dejara dormir en su casa, y que no llamara a la policía sino hasta el otro día. Herminia accedió.

Al día siguiente, cuando la muchacha fue a despertar a la niña, se dio cuenta de que no estaba.

Pasó un año y volvió a ocurrir lo mismo: se presentó la niña, le pidió leche, le dijo que estaba perdida y le pidió dormir en su casa.

Al otro día, la niña, que parecía no haber crecido, había desaparecido. Herminia fue a la policía y contó lo sucedido.

Pero nada se pudo hacer: nadie había denunciado la pérdida de una niña.

Herminia se puso a pensar en lo que podía hacer. Entonces decidió ir a un hospicio que se llamaba Hospital de San Prudencio para hablar con la madre Sonsoles. Pero en el hospicio no habían perdido a ninguna niña.

Cuando desalentada Herminia se disponía a irse, entró una monja que llevaba una especie de anuario donde aparecían las fotos de las niñas que habitaban el hospicio. Era un anuario de dos años atrás. Casualmente, Herminia vio la foto de la niña de los rizos rubios, y dijo: -¡Madre Sonsoles, esa es la niña pérdida! Desconcertada, la madre le contestó que esa niña había muerto hacía dos años.

Herminia regresó a su casa. Por la noche, llamaron a la puerta, y la joven miró por la mirilla.
Vio a la niña y abrió la puerta. -¡Has tardado mucho en abrirme, dijo la infanta, tengo mucha hambre y mucho sueño! Herminia, muerta de miedo, le preparó la leche y la cama a la niña.

A las dos horas, se levantó de su cama y fue a ver a la chiquilla. Estaba completamente tapada, la muchacha levantó las cobijas y vio cómo el cuerpecito de la niña se desvanecía como una nube blanca.

Al observar la almohada vio que había un letrero escrito con letra infantil que decía: -¡Muchas gracias por la leche, las galletas y la cama, ahora me voy directo al Infierno para llevar a las otras tres chicas que no me dejaron entrar a sus casas, y no quisieron ayudarme ni me dieron nada de comer!!!

sábado, 16 de enero de 2016

EL NIÑO INDÍGENA DE MOMOXPAN



El poblado de Santiago Momoxpan se encuentra ubicado en el Municipio de San Pedro Cholula, Puebla.

Es famoso porque en esa localidad espantan mucho en las casas de las personas que allí viven.

Se dice que aparecen seres del otro mundo, que se escuchan sonidos de cadenas arrastradas, y que del suelo de las viviendas suelen salir unas enormes flamas azules y rojas.

En cierta ocasión Guadalupe Xómitl, una bonita niña de seis años, se encontraba muy tranquila en su casa jugando con sus muñecas y sus matatenas.

En esas estaba cuando de repente se la apareció un niñito de cinco años, vestido a la antigua usanza indígena con taparrabos y cacles de cuero.

Al verlo, Guadalupe se asustó muchísimo, pero cuando se dio cuenta que el niño no le hacía nada malo, empezó a tranquilizarse.

El chiquillo empezó a hablar y le dijo a la muchachita: -¡Guadalupe, pequeña niña, es mi deseo que escarbes bajo el petate que usas para dormir!-

Un tanto cuanto desconcertada, Guadalupe le preguntó al niño indígena cuál era la razón de tan extraña petición.

El infante, siempre hablando en lengua náhuatl, le respondió: -¡Te lo pido porque mis padres están enterrados en ese sitio, pero no pueden descansar como es debido, porque es necesario que se les traslade a un sitio sagrado! En toda la población hay personas enterradas donde no debe, son indígenas nahuas que fueron asesinados por los conquistadores españoles, sin misericordia y abandonados a su suerte!

Ante la explicación del muchachito indígena, Guadalupe Xímotl se desmayó.

Se recuperó del susto, pero a los pocos días volvió a ver al niño, quien volvió a repetir la extraña, pero justa petición de trasladar los cadáveres de sus padres a tierra sagrada.

Tantas veces se la apareció, que la niña terminó por enfermarse y al final le llegó la muerte.
En mismo terrible hecho se repitió en varias casas de Momoxpan, con el consabido temor de los habitantes, quienes a esas alturas ya estaban seguros que bajo las casas había enterrados muchos indígenas antepasados que deseaban descansar en tierra santa.

Con el paso del tiempo, los cadáveres han sido sacados de las profundidades de las casas para trasladarlos al camposanto, para que reposen en paz.

Sin embargo, aún quedan casas que no han sido tocadas y en cuyo suelo viven los atormentados indios asesinados en manos de los brutales hispanos, y que siguen penando y asustando a las personas de Momoxpan.

lunes, 4 de enero de 2016

SAN MIGUEL ARCÁNGEL Y EL DIABLILLO



San Andrés Cholula se encuentra localizado en el estado de Puebla; entre su rica tradición oral se encuentra una curiosa leyenda que narra que desde hace muchos años, en el Barrio San Miguelito, uno de sus ocho barrios, se encuentra situada una  iglesia que data del siglo XVI, la primera que se erigió en la ciudad.
Está ubicada bastante  cerca de la carretera.
En dicha iglesia se encuentra la imagen del Arcángel San Miguel, a la que se venera y a la que los fieles le piden milagros que alivien sus congojas. Los abuelos de Cholula cuentan que amarrado a una columna dentro de la misma iglesia se encontraba la imagen de un diablito.
Estaba atado con una cadena, como una alegoría de que estaba supeditado a San Miguel quien era más poderoso que el diablito.
Pero en cierta ocasión los fieles dieron por pedirle ayuda y favores al diablillo amarrado, y se olvidaron un poco de San Miguel.
El diablito cumplía con las peticiones de los creyentes.
Al darse cuenta el sacerdote de la iglesia de lo que estaba sucediendo, decidió quitar la imagen del diablillo.
La desató de su gruesa cadena y la puso a buen recaudo.
Cuando el diablillo se lograba escapar del escondite donde lo tenía el cura, como represalia en la ciudad de Cholula sucedían catástrofes.
Debido a ello, el sacerdote decidió quemar la imagen del diablillo, para destruirla completamente y que nunca más causara desastres.
Santo remedio, la ciudad volvió a estar tranquila y los fieles volvieron a ser devotos de San Miguel Arcángel quien volvió a otorgarles sus favores.


miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL MONSTRUO DE LOS BOSQUES DE LA MALINCHE



La casa del que mató al animal está ubicada en la calle 3 oriente Nº 201, esquina con la calle 2 sur, en pleno centro histórico de la ciudad de Puebla, a espaldas de la Catedral. A principios del siglo XX fue el Hotel Italia; alrededor de 1940 fue vendida al coronel José García Valseca, y actualmente es ocupada por la Organización Editorial Mexicana, que edita el periódico El Sol de Puebla.

La leyenda cuenta que en la época colonial, un monstruo en forma de serpiente bajaba desde los bosques de la Malinche, continuamente amenazando a los pobladores.

Cierto día, en el solar de la casona de Don Pedro Carvajal, hombre próspero y viudo, que tenía dos hijos, un pequeño de 6 años y una bella joven de nombre María apareció el monstruo que devoró a su niño.

La noticia corrió por la ciudad con la promesa de Don Pedro de dar parte de su fortuna a quien matara al animal que le quitó a su hijo, de manera que así vengaría su muerte.

Cuando nadie lo esperaba, llegó a la plaza un jinete armado que dejó en señal de su juramento un cartel que decía: Con amparo de la Virgen, mataré al monstruo.

Este soldado era un joven de nombre Juan Luis, que pretendía a la hija de Don Pedro, y a quien le había sido negada su mano.

Salió con rumbo al oriente, por donde se sabía llegaba el monstruo, más al llegar a la plaza, asomaba la serpiente su cabeza.

Después de luchar en condiciones desiguales, logró cortar la cabeza, cumpliendo así su promesa.

Las autoridades premian al vencedor dándole un título nobiliario, y don Pedro otorga la mano de su hija así como la casa en recompensa.

Actualmente se puede ver a la entrada de la casa, un grabado de la época en piedra, del soldado luchando contra el animal.