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viernes, 5 de abril de 2019

EL SEÑOR DE LAS AMPOLLAS






La imagen del Señor de las Misericordias, Santo Patrono de Tlalnepantla, fue regalada por el rey Carlos V a Hernán Cortés , quien a su vez la donó al convento de San Francisco, de México.

De allí fue traída provisionalmente a la iglesia de Tenayuca, y luego a la capilla abierta del Convento de Corpus Christi, en Tlalnepantla.

En 1666, al ocurrir un incendio en la iglesia, el Cristo de las Misericordias se salvó milagrosamente, pues habiéndose quemado la cruz que lo sostenía, la escultura sólo registró quemaduras en la espalda, semejantes a ámpulas en carne viva, por lo que fue llamada el "Señor de las Ampollas".

martes, 22 de noviembre de 2016

EL MURCIÉLAGO NEGRO



Por las noches en los montes del Estado de México se ven bolas de fuego saltando de un árbol a otro mientras avanzan sigilosamente hasta llegar al pueblo.
Me dijeron que cerca del pueblo de San Juan, en México, un hombre que conducía su camión de carga por la carretera a altas horas de la madrugada de pronto se chocó con una figura de mujer y el espíritu de ésta le atravesó todo el cuerpo al golpearla con su camión.
El señor, entre confuso y disgustado, se bajo de la cabina para asistir a la mujer a la que creyó haber atropellado, pero en su lugar se encontró a un gran murciélago negro, mal herido.
Decidió, pues, llevárselo para entregárselo a alguna veterinaria, echándolo en la parte de atrás del camión, en el remolque donde llevaba toda la carga.
Al cabo de unos minutos, mientras conducía, comenzó a escuchar ruidos, gritos y muchos golpes en la parte trasera del camión.
De inmediato paró el camión, bajo de nuevo de la cabina y fue a ver qué pasaba en el remolque.
Al abrir el portón de carga el ruido cesó. Se había esfumado el murciélago y en su lugar apareció el cuerpo de una mujer muerta.
Si os da pánico leerla, el testigo que me argumentó la historia en su momento, había sido partícipe directo de una de ellas. Imaginaos la expresión de su rostro mientras me lo narraba todo junto a un pequeña hoguera con cuatro maderas ardiendo y sólo el resplandor del fuego nos servía de luz para vernos las caras en esa oscura noche.
Fue toda una experiencia muy misteriosa que recuerdo de viaje por las tierras mexicanas.

martes, 15 de noviembre de 2016

UN FANTASMA ESCURRIDIZO



Esto me pasó hace ya un buen tiempo, allá por el año 1991 en el pueblo de Capultitlan, al sur de la ciudad de Toluca, yo vivo cerca del lugar, esta ciudad es la capital del estado de México.
Íbamos pasando por el referido lugar mi hermano y yo en nuestras bicicletas cerca de una presa vacía, en el lado norte de la misma hay un árbol y junto a ésta un altar a la virgen de Guadalupe.
En éste lugar vi a un muchacho sentado en el cual no reparé gran cosa en detalles, desvié mi mirada por unos segundos y al voltear el muchacho no estaba, se lo dije a mi hermano pues yo fui el único de los dos que lo vio.
Enseguida nos bajamos de la bicicleta y fuimos a ver a un lugar lleno de arbustos que estaba ahí cerca pensando que era algún bromista que nos quería jugar una mala pasada y se hubiera podido esconder pero no hallamos a nadie, nos quedamos extrañados ya que alguien normal no hubiera podido correr y esconderse en tan poco tiempo.
Años después, averiguando en Internet sobre leyendas de Toluca encontré que en dicha presa cuando tenia agua solía aparecerse una vasija flotando con artículos de limpieza y mucha gente al tratar de alcanzarla había caído al lugar y muerto ahogada, lo que al final explica el porque de dicha aparición.

viernes, 15 de julio de 2016

LA ERMITA DE LA VIRGEN DE TECAXIC



El pueblo de Tecaxic se encuentra en el Municipio de Toluca, en el Estado de México.
Antes de la conquista armada de las tropas españolas, hace ya muchos siglos,  fue habitado por grupos de indígenas matlatzincas.
Tecaxic es un bonito pueblo que cuenta con muchos mitos y leyendas. Una leyenda nos relata que poco después de la conquista española, llegaron al pueblo varios frailes franciscanos para evangelizar a los indios, y para que los colonizadores españoles vivieran en él.
Desde esa época, el poblado tomó el nombre de Santa María de la Asunción Tecaxic.
Poco después de la conquista española, llegó al poblado una tremenda epidemia que mató a todos los habitantes de la localidad, menos a dos hombres.
Terriblemente asustados y consternados por encontrarse solos y sufriendo por la muerte de sus vecinos, decidieron abandonar Tecaxic.
Al irse estos dos sobrevivientes, el pueblo quedó completamente abandonado, al igual que una ermita que había sido construida por todos los pobladores. En dicha ermita se encontraba una imagen de la Virgen de la Asunción, que había sido pintada al temple sobre un lienzo fabricado por los indígenas.
Al quedar abandonada y sin recibir ninguna clase de cuidados, la ermita empezó a agrietarse, sus puertas se cayeron y el sol, el agua y el viento entraban libremente, hasta deteriorar la bella imagen de la Asunción que empezó a desteñirse.
Un cierto día en que caía un fortísimo aguacero, un vecino del pueblo de Almoloya de Juárez, llamado Pedro Millán de Hidalgo, buscaba desesperadamente donde refugiarse de las aguas que ya lo habían empapado en su tránsito hacia la ciudad de Toluca para efectuar ciertos negocios.
En ese angustioso momento se percató que de la ermita salían cantos religiosos y se veían muchas luces maravillosas.
Como sabía que Tecaxic estaba despoblado, pensó que los cantos eran de voces indígenas, y las luces velas que los mismos indios encendían.
Entonces, le llamó a los cantores en lengua náhuatl, asegurándoles que no tuviesen miedo, pero nadie respondió.
El hombre decidió sacar su espada y entrar a la capillita, pero no encontró a nadie.
Al enterarse del prodigio Joseph Gutiérrez, padre superior del convento principal de Toluca, decidió que debía edificarse un santuario dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles de Tecaxic.

Muchos señores importantes de varios pueblos ayudaron económica y materialmente en la construcción, y mientras trabajaban hasta el cansancio por el día ayudados de albañiles, por la noche los ángeles contribuían a la edificación, acompañados de música de chirimía y teponaztle que ejecutaban tres seres vestidos con tilmas y que levitaban, es decir, no pisaban la tierra.

martes, 5 de julio de 2016

EL SENTIMIENTO COSMOGÓNICO DE CHALCO



Chalco es un municipio del Estado de México. La etimología del nombre es de origen náhuatl, proveniente de los vocablos chāl-li o xāl-li, "arena" y "-co" desinencia de lugar es decir, Xālco = "Chalco" (castellanización), significa "lugar arenoso", y Atenco que significa "en la orilla del agua", (de ā-tl = "agua"; tēn-tli = "borde u orilla" y -co, "en") en el sentido de ser una población que se localizo a las orillas del gran lago del mismo nombre.
En otra provincia llamada Chalco cuentan haber sido el agua la primera causa del mundo, no saben empero quién la hizo. 
Y que descendieron del cielo algunos dioses, llamados Cemecatl, Tezcatlipoca, Chiconahui, Ehecatl, todos hijos de Atlalicue o Clitlalicue, diosa de las estrellas, la cual dicen haber hecho las estrellas, el sol y la luna, y los dioses hijos hicieron al hombre, mas no saben qué año fue esto. 
Además dicen haber nueve cielos, aunque no saben a dónde están el sol, la luna y las estrellas ni los dioses.

jueves, 31 de marzo de 2016

EL CRISTO NEGRO



Hace muchos años, allá por el lejano siglo XVII, en la zona de Valle de Bravo, en el Estado de México, había dos pueblos de indios que se encontraban en continuo pleito.

La causa del los conflictos se debía a límites territoriales. Un grupo pertenecía al pueblo de La Peña, y el otro a Ahuacatlan.

En cierta ocasión llegó a la Hacienda de San Gaspar un arriero, quien les ofreció en venta a los jornaleros de La Peña que laboraban ahí, una imagen de Jesucristo de tres que estaba vendiendo.

Era un hermoso Cristo blanco como la nieve, de tamaño casi natural y muy bien esculpido. Se trataba de una imagen muy bella.

Pero a los trabajadores no les interesó en lo más mínimo la escultura. Sin embargo, el arriero dijo que se los dejaba para que lo admiraran y pensaran en comprarlo, y que regresaría al siguiente día. Pero el hombre nunca volvió.

Con el tiempo los indios se acostumbraron al Cristo y empezaron a venerarlo.

Tanto les gusto que le pidieron al dueño de la hacienda que les concediese un día al año para festejarlo con danzas, música, pulque y comida.

Pero cada año la fiesta dedicada al Cristo se volvía una revolución, pues el alcohol volvía locos a los indios y se tornaban muy irrespetuosos con los patrones.

Entonces, el dueño de la Hacienda de San Gaspar les anunció a los creyentes que podían seguir venerando al Cristo, con la condición de que edificaran una ermita que estuviera lejos de la hacienda, para no oír y sufrir tanto alboroto.

Los indios edificaron una iglesia de carrizo y zacate, y allí llevaron la imagen del Cristo.

Un día 3 de mayo, cuando se encontraban en la ermita celebrando la fiesta de la Santa Cruz, los de Ahuacatlan les cayeron encima y los atacaron. 

Se formó una batalla espantosa, todos estaban borrachos y no sabían ni lo que hacían.
De repente, la ermita empezó a arder y se quemó completamente. Al Cristo no le pasó nada, pero quedó completamente negro.

Espantados, los indígenas llamaron a un misionero para que les explicara lo que había pasado, el fraile, muy en su papel, les explicó que el hecho había sido una advertencia de Dios que estaba cansado de tanta borrachera y tanto pleito entre los dos bandos, que les pedía que cesaran los conflictos y que era necesario de que en el Valle de Temascaltepec reinara la paz y la armonía.

Asustados, los belicosos llevaron al Cristo a la Capilla de El Calvario, que había sido construida por los frailes de Ahuacatlán y dedicada a la Asunción de la Virgen María, para que ahí se quedase el Cristo Negro Señor de Santa María.

viernes, 4 de marzo de 2016

EL CRISTO DE LA SANTA VERACRUZ



La leyenda sobre el Cristo de la Santa Veracruz, tal como la recogió don Miguel Salinas, es la siguiente:

"Poco después de la fundación de Toluca sucedió en esta ciudad el siguiente prodigio: vivía en ella un vecino tan virtuoso como noble; llegaron a él, cierto día,dos hermosos mancebos, quienes le mostraron una devota y perfecta efigie de Cristo Crucificado, diciéndole que si gustaba comprarla, a lo que respondió que en qué precio la estimaban; y ellos respondieron que sólo les diera 30 pesos.

Considerando el sencillo comprador lo corto del precio por tan perfecta efigie, les dijo que esperasen mientras sacaba el dinero.

Al estarlo contando, por tener inclinada la cara y fijos los ojos en las monedas que contaba, no vio que en ese tiempo desaparecieron los mancebos, dejándole la imagen.

Admirado de lo maravilloso del Suceso dio cuenta al párroco, quien dispuso con solemnes procesiones y festivas demostraciones colocarla en el altar mayor de la parroquia".
La casa en que se efectuó la compra, según la misma tradición, es aquella que se encuentra en la esquina de las actuales calles de Independencia y Aldama, antes calles Real y Navarrete, ahora primera de Aldama.
Los documentos que se encontraron respecto a la construcción de la iglesia de la Santa Veracruz, que por muchos años fue la portería del convento de San Francisco, dicen que el día 13 de diciembre de 1733 se abrieron los cimientos y se puso la primera piedra, siendo mayordomo de la cofradía de la Veracruz el señor don Bernardo Serrano.
La cofradía de la Veracruz pasó a ser dirigida por clérigos seculares a quienes reclamaron los derechos los franciscanos, en quienes se encontraba la administración parroquial de Toluca.
Los franciscanos, para vencer a sus enemigos que se negaban a entregar los derechos parroquiales exigieron que les presentaran la cédula de edificación de la iglesia los dirigentes de la cofradía de la Veracruz, lo que nunca pudieron hacer, pues parece que, en efecto, la iglesia se construyó sin permiso del rey.
Don Bernardo Serrano, que era uno de los más ricos labradores del Valle de Toluca, para vencer a los franciscanos que pretendían paralizar la obra, envió a España a su sobrino don Pablo Arce, quien mediante las chicanas y dádivas comunes en todos los litigios, obtuvo permiso para edificar la actual iglesia de la Santa Veracruz, acallando las pretensiones del guardián del convento de Franciscanos, en cuyo territorio se levantó la iglesia.
Terminada la iglesia, los cofrades de la Veracruz quisieron que se trasladara la imagen milagrosa de la iglesia parroquial al nuevo templo, pero los frailes se opusieron otra vez a tales pretensiones.
El 30 de diciembre de 1,796 el corregidor de la ciudad se puso del lado del guardián de los franciscanos y ordenó que se cerrara la iglesia. Sin embargo todos los labradores del Valle de Toluca que habían contribuido a la edificación de la iglesia, pidieron al virrey les permitiera el uso del templo, que por fin les fue concedido con algunas condiciones.
A partir de aquella fecha la iglesia de la Veracruz estuvo a cargo de capellanes del clero secular, siendo los dos últimos' de esta clase los padres don Ignacio Juan Manuel Escudero, que eran nativos de Toluca.
En la obra que se escribió sobre la orden de los frailes de San Juan de dios se relata bajo una forma diferente la historia del Cristo de la Veracruz, que de todos modos, como ya hemos narrado, representa el sincretismo del dios Opochtli prehispánico y al Cristo de los conquistadores.
Por eso a pesar del extranjerismo de los misioneros del corazón de María, perdura el culto al Cristo Negro de la Santa Veracruz, aunque ya no ocupe el lugar preferente del templo que se le edificó por honrados vecinos de esta ciudad.
Lo más notable del templo de la Veracruz es su reloj. Esta máquina perteneció al convento de los Carmelitas del Santo Desierto de Tenancingo; de ahí fue llevada a Tlalpan; de Tlalpan vino a Toluca y estuvo colocada en las casas consistoriales, de donde fue trasladada al lugar que ocupa sobre la bóveda de la Santa Veracruz.



miércoles, 27 de enero de 2016

LA MUJER ARRUGADITA



Cuando yo tenía siete años vivía en un pueblo del Estado de México con mi abuelita. Una noche le dije a mi abuela:

– Ahorita vengo, voy a la esquina.

– ¿A qué vas?, ahorita ya no hay nada abierto, ya todo está cerrado.

– Voy con mi tío.

Caminé como cinco minutos. Antes de llegar a la casa de mi tío había un arroyo que le llamaba el Corriente.

Había un puente con unos foquitos que alumbraban el agua que iba corriendo.

Cuando llegué al puente vi a una señora parada.

Llevaba una blusa blanca y el cabello muy largo, le llegaba a la mitad de la espalda.

Me acerqué a ella porque estaba llorando recargada en el barandal, y le dije:

– Oiga, señora, ¿le pasa algo?

Negó con un movimiento de cabeza.

– De veras, mire, si le pasa algo vamos ahí enfrente, ahí vive mi tío, yo la llevó para que se le pase lo que tiene.

Entonces me contestó con la voz de una persona de ochenta años.

El cabello le caía en la cara y no se le veía. Me dijo:

– ¡No!

– De veras, la llevó ahí a la casa de mi tío; o si quiere voy por él. No sé que tenga usted, pero está llorando y le va a dar el frío.

– ¡No! ¡Y vete!, me contestó enojada.

– ¿Ay, señora, todavía de que me estoy preocupando porque usted está ahí parada con el frío que hace y llorando me corre? Pues entonces quédese ahí.

– Es que estás muy chiquita, me respondió.

En eso volteó y le vi su cara arrugadita.

Me espanté mucho y me puse a correr el poquito tramo que me faltaba para llegar a la casa. Llegué tan pálida que mi tío me preguntó:

– ¿Ay, que te pasó?

– Es que ahí afuera hay una señora que está llorando, sola,  me dio lástima y le pregunté que qué tenía. Me dijo que nada que mejor me fuera, que estaba muy chica.

Está bien fea, tío, está bien viejita, muy alta, de espaldas no parece una persona grande.

– Pues ya no sales, me dijo mi tío.

Mi tío y su esposa se asomaron a la calle y vieron que una señora iba caminando arriba del agua del arroyo, al ras del agua, no se le veían los pies, iba como volando.

Toda vestida de blanco y con el pelo largo y muy negro. Se metieron rápido a la casa y cerraron las puertas, para que nadie saliera.

Mi tío me dijo que me iba a acostar con mi prima que era más chica que yo, como de cinco años.

– ¿Qué es lo que viste?, me preguntó mi prima.

– Pues una señora muy fea.

– A ver, dijo mi prima mientras se asomaba a la ventana.

Dio un grito muy fuerte y cayó desmayada sobre la cama que estaba pegada a la ventana, me golpeó porque yo estaba sentada ahí.

– ¿Qué te pasó?, le pregunté.

Mi tío, mi tía y mis primos entraron corriendo al oír el grito. La acostaron, le pusieron alcohol y la reanimaron.

Cuando la niña volvió en sí dijo que cuando se había asomado había visto una cara de mujer llena de sangre.

Al otro día, mientras barrían la parte de la calle que daba a la ventana, encontraron muchas huellas de cruces en la tierra, como si alguien hubiera tirado al aventón muchas cruces y se hubieran quedado marcadas las cruces en la tierra.

No sé que haya sido. Lo único que sé es que la señora pasó por ahí y que mis tíos la vieron flotando, porque ni siquiera iba caminando.

viernes, 22 de enero de 2016

EL TESORO DEL NEVADO DE TOLUCA



Todo principió al finalizar el año escolar de 1942. Gilberto, amigo y compañero de estudios, me invitó a pasar las vacaciones en un pequeño rancho próximo al Nevado de Toluca, accedí gustoso y para hacer ejercicio, realizamos el viaje a pie. Aquel pequeño rancho había sido propiedad de su padre, que a su vez lo había heredado de su abuelo y éste, de su tatarabuelo.

Todos los días nos levantábamos temprano para excursionar por los montes, unas veces a caballo y otras a pie. Después tomábamos un baño en un manantial de agua caliente.

Uno de tantos días amaneció lluvioso y resolvimos quedarnos en casa. Para distraernos subimos a las galeras donde sus antepasados guardaban todo lo que ya no les era útil.

Para nosotros ese lugar fue muy atractivo, encontramos cosas de mucho interés y gran valor; pero llamó poderosamente nuestra atención un cajón a manera de cofre de pirata que contenía papeles; los leímos con avidez por tratarse de la historia de la familia de Gilberto.

Entre estos documentos encontramos un pliego escrito hace más de 150 años, en papel corriente, escrito con lápiz; no obstante el paso de los años, se leía con claridad. El documento tenía documento tenía el color amarillento de los papeles viejos, al desdoblarlo se separó en partes, acomodadas por nosotros pudimos descifrar su contenido.

Iniciamos su lectura con gran sorpresa y encontramos lo siguiente.

"Año de 1760, yo, Bartolomé Juan del Castillo, en nombre de Dios Padre que me crió y me conserva, hago la confesión siguiente:

Siendo el jefe de los ladrones que operaban en la Sierra del Nevado, yo como depositario de grandes robos de conductas que llevaban grandes tesoros que se conducían a España y que pasaban por estos campos y de varios puntos de los minerales.

Declaro en nombre de Dios Todopoderoso, ser cierto todo lo que voy a escribir”

“Declaro que en la Cañada del Jicote que se halla en los Montes de los Estrada, de su lugar donde se juntan dos aguas una chica y otra mayor, de allí por abajo donde hace un salto chico, está un subterráneo, su puerta es pequeña, apenas puede caber el cuerpo de un hombre, está al pie de una corta peñita, dicha puerta está cubierta con una losa que a su vez está cubierta con tierra, aquí hay intereses muy grandes. Y del salto para arriba, en está misma cañada está otra que no tiene peña, está en la loma o costado de la cañada, está donde hay muchas hierbas de otatillo.

De allí mismo, subiendo rumbo al poniente, hasta llegar a la cumbre de la loma del Espinazo, estando allí encima del sur, se tomará a la derecha para abajo hasta dar con un cerrito chico que tiene muchos árboles, allí mismo se buscará un encino con dos brazos que figuran codos, uno está mirando a Zacualpan y otro al veladero, al pie están ocho botijas de dinero enterradas. Se tomará rumbo abajo hasta dar con una agüita muy pequeña que sale del mismo cerro y va dar un salto chico, a un lado está la puerta de la cueva, la mitad está en el salto grande, si lo encuentras te harás rico, allí está el convoy que se le quitó al virrey O Donojú en el paso del macho, este fue como un millón de dinero, al frente se encontrara un altar hecho de mezcla donde está colocado el señor del hospital, que es el que veneraban antes más.

También se encontrarán los útiles de plata y oro con que se servía el virrey, en el interior está la gran cantidad de barras de plata formando un camellón, también se encontrará un gran depósito de ornamentos y a un lado otro altar con el Cristo de oro del Virrey, allí está también el esqueleto de don Cristóbal de Nova, que murió atado por querer entregar a los españoles este tesoro.

Hijo mío, pocos son los días que me restan de vida y mi alma está devorada por crueles remordimientos. En este fatal estado pienso y recuerdo tu orfandad desde la muerte de tu tierna madre, muerta de ti, la que te dio a luz; quiero recompensarte a ti y a Inés mi hermana, por sus humanitarias acciones.

Hijo mío, sabes que tienes un padre que tú no conoces, vive todavía, pero que enviado en un mar de crímenes, hace horribles memorias al título honroso de padre. Cometí varios crímenes, unas veces empujado por venganza y otras por la defensa que debía hacer de mi persona.

En fin, querido Paulino, tú comprenderás que yo quiero hacerte el bien y pido a Dios te conserve muchos años.

Los tesoros son muchos, puedes acompañarte de quienes gustes, no importa cuántos sean, para todos alcanza; una sola condición te pido, que mandes decir muchas misas para que Dios nos perdone, tanto a los malhechores que anduvieron conmigo, como a mí.

Todos los objetos sagrados que pertenecen a la Iglesia como cálices, custodias, vasos sagrados, patenas y demás ornamentos religiosos, te ruego querido Paulino, hagan diligencia para que sean entregados a la Iglesia y puedan ser utilizados para lo que fueron hechos; con todo lo que sobre se remediarán; pues como te he dicho: hay tantos tesoros como para fincar otro México nuevo.

Principia tu recorrido por el Cerro del Manzano, es un cerro que tiene un manzano silvestre, está cerca de la Barranca del Muerto, en su tronco tiene una herradura clavada, al pie de ese tronco hay seis botijas de monedas de oro.

Yo, tu padre, estuve en tantos peligros que ignoro por qué Dios me Conservó la vida. Sufrí muchas heridas mortales, sin embargo pude Soportarlas porque uno de nuestros compañeros era curandero y Conocía las propiedades curativas de muchas plantas de estos montes; así gracias a Dios pude Conservar la existencia.

Todo lo que está ahí es de ustedes, remédiense en sus necesidades y sigue buscando y no te olvides, querido Paulino, de ayudar a los pobres, te lo encargo como primera obligación y manda decir muchas misas por el alma de tu padre y por todos los demás malhechores que bien lo necesitan".



jueves, 21 de enero de 2016

SANDOVA



Desde hace ya mucho tiempo en el poblado de Chosto de los Jarros, en Atlacomulco, Estado de México, los mazahuas creen que existe una enfermedad que les da sobre todos a los niños menores de cinco años que se llama Sandova, máxime si tienen un espíritu débil.

Si por casualidad o por descuido se deja a un infante sentado en el suelo de tierra virgen, o en algún sitio donde hubiese ocurrido una catástrofe, como la muerte de una persona, el espíritu del fallecido se apodera del alma del niño.

Cuando los niños enferman de, o por Sandova se ponen muy inquietos, nerviosos, y a las dos horas les viene una tremenda gripa, la cual, afortunadamente, se quita cuando dan las doce del mediodía o las siete de la noche.

Es porque Nejomu, el Aire de la Tierra, y espíritu que cuida a todos los demás entes mágicos que cuidan la Tierra, tiene hambre y se come el alma del niño.

Para que el infante sane se deben de hacer cuatro tamales con galletas de animalitos. Además se forma una cruz con las galletas y se atan con un hilo rojo. Después, se coloca un ramo de flores encima de los tamales.

Es necesario que la persona que haga los tamales no tenga ningún contacto con el niño; de no seguir esta norma la curación no tendrá efecto alguno.

Los abuelos dicen que los cuatro tamales representan a los cuatro puntos cardinales; así como a los cuatro elementos de la naturaleza, que son espíritus sumamente fuertes.

Ellos son: la tierra, el fuego, el agua y el aire.

Cuando ya se tienen preparados los cuatro tamales se soba el cuerpo del niño con los mismos. Luego se ponen los tamales en el sitio exacto en el que el infante se sentó y atrapó la enfermedad, más alguna ofrenda que se le dedica a Sandova. Se agrega una cruz formada con monedas cerca del primer tamal y se le ruega al espíritu que deje en paz al enfermito.

Una vez contentado Sandova con los tamales de la ofrenda, a la hora señalada el niño sana y se le quita la gripa. La ofrenda también puede colocarse en las encrucijadas de los caminos.



miércoles, 16 de diciembre de 2015

APARICIÓN DE UN ÁNIMA DEL PURGATORIO



En la villa de Toluca que es del marqués del Valle, una mujer española, llamado Isabel Hernández, viéndose atribulado, fue á su confesor, que se decía Fr. Benito de Pedroche, cómo estando acostada en su cama, había visto al amanecer un hombre colgado en su aposento, con el hábito de la misericordia.
El confesor le dijo, que lo conjurase si tenía ánimo para ello, y le enseño el modo como lo había de hacer.
Aparecióle este hombre otras dos ó tres veces, hasta que un día, á la misma hora, estando ella acostada en su cama con otras mujeres, por el temor que tenía, vio la misma visión, y lo conjuró y preguntó qué era lo que quería.
El hombre le dijo quién era, y cómo había que estaba en purgatorio, porque había levantado un falso testimonio á una doncella que quería casar un sacerdote honrado, llamado Antonio Fraile, por lo cual la doncella no se casó.
 Y que se había confesado de aquel pecado y tenido de él contrición; mas por cuanto no le había restituido la honra, penaba todavía en el purgatorio.
Y que para muestra de la verdad que decía, que le preguntasen al Antonio Fraile si esto era así.
Y que por morir fuera de México no le había vuelto la honra; que de su parte se la volviesen y le mandase decir algunas misas, porque luego saldría de purgatorio, y así se las dijeron, y nunca más pareció.
Hízose averiguación de esto en México, y hallase ser todo así, y á aquella mujer se le volvió la honra, aunque ya era casada cuando sucedió. No se descubre el nombre del difunto por su honra.



lunes, 23 de noviembre de 2015

LA TLANCHANA



A siete kilómetros de la Ciudad de Toluca, capital del Estado de México, se encuentra el poblado de Metepec, llamado en lengua matlatzinca  Nepintatiui, En la Tierra del Maíz.

En la cima del cerro de Metepec, también llamado Cerro de los Magueyes, se encuentra situada la Capilla de Metepec.

Esta capilla le gusta mucho a la Tlanchana Atltonan Chane, una hermosa diosa que es mitad mujer y mitad serpiente acuática, venerada por los indios matlatzincas por sus poderes para mantener el equilibrio entre la tierra y el agua.

Le gustaba a la Sirena, como también se la llama, porque la capilla contaba con una campana de oro, que cuando repicaba producía un fascinante sonido que se expandía a muchos kilómetros de distancia.

A la Tlanchana le encantaba escucharla todos los días y consideraba a la campana como de su propiedad.

Pero en una fatal ocasión, el malvado Diablo decidió robarse la campana. Cuando la tuvo en sus manos la escondió en una de las tantas cuevas que tiene el Cerro de Metepec.

Cuando supo del robo la Tlanchana, casi se volvió loca de la tristeza.

Desde un montículo de tierra rodeado por agua, situado en el Barrio de San Miguel, la Sirena veía hacia la Capilla donde estuviera su adorada campana, y lloraba a moco tendido, y le cantaba las canciones más tristes que se sabía. Su llanto y su canto hubiesen podido conmover al ser más maligno, pero no al Diablo que disfrutaba con el sufrimiento de la pobre diosa.

La campana nunca fue devuelta por Satanás. Desde entonces, por las noches iluminadas por la luna, se puede ver a la Tlanchana sobre el montículo, se escucha su llanto y sus tristes canciones, y hasta hay quien afirma que se escuchan las estridentes carcajadas de don Diablo.

lunes, 3 de agosto de 2015

EL CRISTO DE CHALMA



Chalma es paisaje para el cuerpo y para el alma. El milagro se da en la naturaleza cuando las montañas aserradas cobijan junto al manantial el racimo agreste de aceitillas, cinco llagas, girasoles, chicalotes, chipiles y mirtos.

El milagro de la leyenda dice que en 1537 los frailes Sebastián de Tolentino y Nicolás Perea, de la Recolección de Religiosos Agustinos, evangelizaban la región de Malinalco y Ocuilán y se enteraron de que en una cueva cercana a Chalma se veneraba a Oxtotéotl, dios de la cueva con sacrificios humanos. Fueron conducidos por los indios y al observar las diabólicas escenas, emprendieron la tarea evangelizadora exhortándoles a destruir el ídolo y venerar a Jesucristo. Al tercer día regresaron y vieron con sorpresa que en el lugar se encontraba la piadosa imagen que hoy se venera.

Existe otra leyenda que habla de un arriero que buscando su mula entró a la cueva y encontró a un prodigioso Cristo. Lo que tenemos por cierto es como en otros muchos sitios, estos celosos misioneros sustituyeron al ídolo por la imagen de pasta de caña de maíz llamada "Tatzingueni". Esta técnica es la que desarrolló Vasco de Quiroga y gracias a la maleabilidad, ligereza y duración de ésta, han llegando hasta nosotros buen número de piezas.

Fue tan atinado su culto que para fines del siglo XVI los frailes Bartolomé de Jesús María y Juan de San José decidieron fundar un convento de visita para atender a los peregrinos. Para 1683 fray Diego Velázquez de la Cadena construyó el edificio que en 1721 reconstruye fray Juan de Magallanes y finalmente, en 1830, el cronista del santuario Joaquín de Sardo entrega la obra fundamental que ahora conocemos. Carlos III le otorga el 6 de septiembre de 1783 el título de Real Convento y Santuario de Nuestro Señor Jesucristo y San Miguel de las Cuevas de Chalma.

A este templo acuden peregrinos no sólo de México, sino del extranjero, recibiendo las principales peregrinaciones de Querétaro, Michoacán, Oaxaca, Guerrero y la Huasteca. Sus fiestas principales son el primer viernes de cuaresma, Pentecostés y Navidad.

La concentración de danzas es muy rica puesto que reúne a visitantes de todo el país. Los peregrinos, como siempre, aprovechan "la manda" para pasear, bailar y comprar, existiendo la tradición que regando a un Ahuehuete en donde brota un manantial, se bañan, sincretismo de purificación y una vez limpios, se coronan de flores para entrar al Santuario. En este lugar se baila, de modo que este baile ha formado parte del ritual peregrino. Cuando se piden imposibles, hay un dicho que dice que no se alcanzará el milagro "ni yendo a bailar a Chalma".

El conjunto formado por el convento y el santuario es escénico y de mejor lejos. Destaca su cúpula aperaltada de gran esbeltez. La fachada de estilo neoclásico denota la continua actualización que sufrió el edificio que recibe al peregrino con la frase evangélica: "Venid a mi todos los que estáis trabajados y cansados y yo os aliviaré".

En el interior y sobre todo en la sacristía encontramos buenos lienzos anónimos de la .pasión de Cristo, la Magdalena y Santa María Egipciaca, la conquista espiritual, la aparición del Señor de Chalma y su traslado.

El Cristo de Chalma tiene buenas ofrendas de platería como sus cantoneras colocadas en 1534 por el orfebre Agustín Villaseñor. Hay un culto secundario al Santo Niño del Consuelo, recién nacido, probablemente del escultor Solache, quien realizó la obra regional. Su festividad es en Navidad y Reyes, recibiendo como ofrenda juguetes.