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martes, 29 de noviembre de 2016

EL ALMA EN PENA



En una ciudad de Coahuila se cuenta una leyenda desde hace mucho tiempo.
En ella se relata que había una familia de campesinos que se dedicaban a plantar maíz, calabaza y frijoles. Araban, plantaban y cosechaban sus productos. Mientras el padre de familia trabajaba junto con la madre y dos hijos ya mayores, el más pequeño, el benjamín, se quedaba en la casa jugando.
Un día en que todos estaban trabajando, se dieron cuenta de que Carlitos, el hijo menor, tenía largo rato que no salía de la casa, como solía hacerlo de vez en vez para mirar a sus familiares trabajar en la milpa.
Cuando la madre entró a la casa para ver qué pasaba, encontró al pequeño como pasmado.
Estaba quieto, no oía ni hablaba. Al verlo en ese estado lelo, la madre fue a traerle un vaso con agua, a ver si así reaccionaba.
Cuando la madre le iba a dar de beber, Carlitos comenzó a llorar desesperadamente, y le dijo a la mujer que había visto dentro de la casa a un hombre vestido de fraile, y que cuando trataba de acercarse a la figura ésta desaparecía para volverse a aparecer.
Nadie de la familia creyó lo que contó el pequeño. Sin embargo, el hecho sucedió en muchas ocasiones; ya no solamente se le aparecía al niño, sino a todos cuando se encontraban reunidos en casa.
Las apariciones del fraile se hicieron continuas e insoportables, pues todos estaban aterrados, y no sabían qué hacer. En una ocasión el fraile les dijo con una voz cavernosa que por favor le dedicasen una misa, pues su alma estaba en pena y no tenía descanso.
Que unos bandoleros le habían matado cuando se dirigía a entregar a sus superiores las limosnas de todo un año y monedas de oro que un ricachón había obsequiado a la iglesia.
Los ladrones le habían robado las limosnas, pero no el oro que llevaba escondido en la carreta en que viajaba. Se había salvado de milagro.
El fraile les dijo el lugar donde había quedado la carreta y dónde se encontraban las monedas. Que usaran unas cuantas para pagar las misas, y que se quedaran con el resto.
Así lo hizo la familia. Encargaron misas todo un año, para que el religioso descansara y las horrendas apariciones no volvieron a tener lugar. Con el dinero compraron una tienda y ganaron mucho dinero. Vivieron felices para siempre, gracias al alma en pena del buen fraile dominico.

sábado, 5 de noviembre de 2016

EL TUNJO MALDITO



Esta historia también se conoce con múltiples variaciones, la primera habla de un hombre que compró una casa y observó que pasaban cosas raras, voces sombras y objetos que se mueven, con ayuda de un chamán busca en su casa y se encuentra que en ésta, se encuentra enterrada una estatua de oro, otra versión habla de un guaquero que encuentra la estatua en una de sus expediciones.
A partir de aquí la historia tiene dos versiones:
La primera habla que el hombre comienza a tener una increíble mala suerte, mueren sus familiares, fracasan sus negocios, entre otras, el hombre para salir de deudas intenta vender el Tunjo, pero le es imposible, para romper la maldición debe volver a enterrar el tunjo en su casa, cosa que hace y con eso cesa la mala suerte pero comienza de nuevo los sustos en su casa, por lo cual decide venderla, tiempo después se encuentra con un antiguo propietario de la casa el cual le confiesa que paso por lo mismo.
Otra habla que el hombre vende el tunjo y a partir de ahí tiene mala suerte, intenta recuperarlo pero le es imposible porque muere, se dice que quien tenga el tunjo tendrá mala suerte, tan pronto como lo deje ir.
La ultima habla que a partir de entonces el hombre adquiere una suerte increíble, le llueven las mujeres, el dinero y el éxito., un día dependiendo la versión, el hombre pierde el tunjo y con el todo lo que tenia, y termina como indigente o muerto.

martes, 1 de noviembre de 2016

EL PANTEÓN LA LIMA



El panteón La Lima, es un sector muy oscuro ubicado en Culiacán, México. Al carecer de iluminación en su interior, se hizo un sitio perfecto para la realización de actos ilegales como venta de drogas, asesinatos, pactos satánicos, etc.
Se han mencionado casos de jóvenes asesinadas y abandonadas sobre las tumbas, muertos tirados y envueltos en cobijas y otras atrocidades.
Este panteón solo dispone de iluminación en los accesos al mismo por lo que al caer la noche, se encuentra en plena oscuridad y es cuando comienzan a surgir los rumores de los vecinos del sector que aseguran que se oyen risas, voces de ultratumba y lamentos…cuando el cementerio se encuentra vacío.
Incluso los cuidadores afirman haber visto en más de una ocasión fantasma rondado las tumbas como por ejemplo una mujer vestida de blanco, sentada de espaldas sobre una lápida.
Cuando el celador se acercó a preguntarle que hacía allí, de repente sintió un frío helado sobre su cuerpo y a poco de llegar al lugar, la mujer simplemente se evaporó…
Poro tiempo después se enteró que aquella chica había sido hallada muerta justamente sobre esa tumba.
Otros testigos afirman que en el pasillo destinado a los niños, se escuchan risas y juegos de chicos, llegando incluso a escuchar si querían sumarse a sus juegos…
Todas estas apariciones comenzaron luego de 2010 cuando comenzaron a reciclarse tumbas para abrir nuevos espacios, lo que seguramente generó que las almas de los difuntos no estuvieran contentas con estos cambios, mostrando su disgusto a través de estas apariciones fantasmales.

domingo, 4 de septiembre de 2016

EL HOMBRE LOBO



Todo comenzó en el invierno de 1993. Yo tenía 24 años y era una persona normal, joven y alegre. Había viajado solo al pueblo de mis padres en Guachochi para asistir al entierro de una tía de mi padre que había fallecido a los 84 años de edad.

Llegué cuando todo había terminado.

Pedí disculpas a mi abuelo por no poder haber llegado antes, pero es que todo había sido tan precipitado. Las campanas tocaron a muerte, y un escalofrio recorrió mi cuerpo.

Comenzaba a anochecer y el frio se notaba cada vez más; además había empezado a nevar.

El pueblo parecía ser un pueblo fantasma.

Me dirigía a casa de mi abuelo que está alejada de las demás casas, y entonces lo escuché nítidamente.

Era un aullido, un tremendo aullido de lobo. Sentí un aliento fétido a mis espaldas; me di la vuelta y entonces lo vi; era un tremendo lobo negro. Sus ojos tenían un brillo asesino y sus fauces abiertas buscaron mi cuello.

En un instante se abalanzó sobre mí y me tiró al suelo. No podía zafarme, tenía mucha más fuerza que yo. Sentí el primer mordisco y después escuché un disparo.

Cuando desperté me encontraba en casa de mi abuelo. El había sido el autor del disparo. 

Pregunté por el lobo; y mi abuelo me lo enseñó. Allí estaba, muerto. Era un ejemplar tremendo, quizás su peso llegara a los 70 kilos.

Me toqué el cuello; me dolía la herida que me había producido la terrible alimaña.

Mi abuelo me trajo la cena y al poco rato me fui a la cama y me quedé profundamente dormido. Soñé con el tremendo lobo, me miraba, sus ojos eran claros y me sentí relajado.

Me desperté no se a que hora de la madrugada. Me seguía doliendo la herida del cuello. Me acerque a un espejo para mirarme y entonces mi sangre se heló en las venas.

Me toqué las orejas y me di cuenta que eran puntiagudas; mis ojos ya no eran azules, sino marrones y oblicuos, mi nariz era un largo y tremendo hocico, y mis manos….

¡Dios, mis manos no eran manos, se habían convertido en unas horribles garras, garras de lobo… Y mi cuerpo estaba lleno de un pelo duro y negro…

¡Me había convertido en pocas horas en un hombre-lobo… Era una locura; una tremenda locura, pero así era; y ahora sentía unas ganas tremendas de comer ¡carne fresca!.

Escuché un ruido en la otra habitación; era mi abuelo que estaba roncando, me acerqué a su cama, lo agarré por la cabeza y le mordí en el cuello; la sangre empezó a salir a borbotones y yo comía su carne con tremendo apetito.

Después de esto, me acerqué a la ventana y miré la luna ¡Estaba llena y me miraba! Un aullido lastimero salió de mi garganta.

Era la primera muerte de las muchas que tendría que llevar a cabo al haberme convertido en un monstruo sediento de sangre y carne humana.

Me desperté con un dolor de cabeza increíble y un sabor agridulce en la boca. Me toqué con los dedos la comisura de los labios y noté que tenía algo que parecía reseco; entonces me dí cuenta de lo que era. ¡Sangre!…

Miré a mi alrededor y ví que estaba totalmente desnudo al lado de mi pijama que estaba tirado en el suelo y totalmente destrozado.

¿Qué extraños sucesos habían ocurrido la noche anterior?…

Fui a la habitación de mi abuelo. Lo que vieron mis ojos parecía una pesadilla. Allí estaba el viejo o lo que quedaba de él; toda la habitación estaba ensangrentada. ¿Quién había hecho aquella atrocidad?. La respuesta no quería aceptarla mi cerebro.

Han pasado ya dos meses desde aquellos terribles acontecimientos y cada plenilunio se repite el mismo ritual. ¡Debo salir a buscar carne humana. He leído bastante en este tiempo sobre la licantropía, esa tremenda enfermedad que me ha convertido en una bestia asesina; en todos los libros dice lo mismo:

"Al hombre-lobo debe matarlo alguien que lo ame y sienta mucho cariño por él; y debe hacerlo disparándole al corazón una bala de plata o en su defecto un cuchillo plateado"…

Diré también que en este tiempo he conocido a una muchacha; yo siento verdadera pasión por ella y me parece que ella también siente lo mismo por mi. ¡Dios mío!, cada vez que hay luna llena debo buscar cualquier pretexto para no verla todo ese tiempo.

Es una locura, pero debo decírselo, debo contarle en lo que me he convertido…

Ella lo comprenderá; será esta noche. Tengo preparado ya el puñal…

Esta carta se encontró al lado del cadáver de un joven con un puñal de plata clavado en el corazón.

Junto a él una joven que confesó haber sido la persona que lo había matado. El motivo….

"Dijo que aquella noche él se había convertido en un hombre-lobo"

lunes, 25 de julio de 2016

TERROR EN EL BOSQUE



Recuerdo la primera vez que pisé este bosque. Pasábamos el verano en una casa en plena naturaleza. Era un pequeño pueblo alejado de todo y de todos. Recuerdo que una vez me enfadé con mi madre y salí de casa a despejarme con el frío aire de la noche.

Empecé a andar sumido en mis pensamientos y de repente me encontré rodeado de árboles y demás arbustos.

Miré hacia todas direcciones pero era todo igual. El suelo era pedregoso pero cubierto de verdín. No había ningún tipo de rastro del hombre. Ni arbustos aplastados, ni marcas de huellas en el suelo. Estaba claro que hacía tiempo que nadie pasaba por allí.

Debería haberme envuelto el pánico, pues me había perdido en un bosque, literalmente dicho. Pero, en cambio, me sentí arropada por esos árboles. Sus troncos eran gruesos y de formas retorcidas. El aire formaba un silbido especial al chocar contra las largas hojas y la temperatura era idónea. Se veían destellos blancos por todos los sitios pues la luna se filtraba por donde podía entre aquellas enormes ramas. El aire frío contrastaba con la caliente temperatura y eso daba una sensación satisfactoria, como si estuviera drogada por algo que no sabía que era. El silencio era sepulcral, no se oía nada excepto el suave silbido del aire.

Empecé a andar y deseé quedarme allí de por vida. No pensaba en nada, simplemente andaba, disfrutando cada partícula de esa maravilla. Entonces me invadió el sueño y me tumbé en el suelo. Aunque había piedras me pareció el más confortable del mundo. Cerré los ojos y entre el aroma de fresca hierba me dormí.
Al día siguiente, me desperté en mi cama. Pensé que todo había sido un sueño, pues había sido demasiado surrealista para que hubiera pasado en la realidad.

El sol brillaba en el pueblo, de modo que me decidí a dar un paseo con una mínima esperanza de poder encontrar el lugar de mis sueños. Empecé a andar como el día anterior y lo encontré. No había sido un sueño.

Paseé, esta vez con el sol filtrándose entre las ramas y dando un toque dorado que idealizaba más el lugar. Me senté en el suelo y me quedé inmóvil. No hice nada, sólo respiré el fresco aire y observé. Observé cuidadosamente durante largo rato. Para mí el tiempo se detuvo en ese momento. Tenía la misma sensación que el día anterior, como si estuviera flotando. Pasaron las horas y sin quererlo se hizo de noche. Volví a casa sin saber como.

Cada día de los siguientes iba a ese bosque. Me quedaba observándolo, paseando sus hermosos caminos y saboreando su olor especial. Tantas horas pasé allí hasta que me absorbió por completo. A cualquier hora deseaba estar allí. Tanto lo deseaba que me desconcentraba y no prestaba atención a mis padres. No podía vivir sin ese bosque. Sentía que me faltaba el aire si no iba allí. Así que una noche me escapé y volví.
Entonces me senté en el suelo como siempre y empecé mi meditación diaria. Pero ese día no iba a ser como los demás.
De repente todo se volvió diferente. Lo primero que sentí fue la temperatura. Ese aire cálido que antes flotaba se convirtió en uno gélido que me dio escalofríos por todo el cuerpo. El olor ya no era de hierba fresca si no de algo repugnante, como podrido. Me levanté y observé intentando averiguar que le pasaba a mi bosque. Pero una sensación de terror me envolvió, ya que no me pareció seguro sino todo lo contrario.
Me entraron ganas de salir de allí, así que empecé a andar a paso ligero hacia la salida. Pero después de andar un largo rato, volví al mismo lugar. Me entró el pánico, pues mis ganas de dejar ese bosque aumentaron, de modo que empecé a correr.
De repente algo me cogió del tobillo y me caí. Mientras mi labio sangraba me levanté dispuesta a correr todo lo que podía. Y así lo hice. Mientras corría, el silbido del aire se convirtió en aullido, los troncos de retorcidas formas parecía que me observaban con cruel aspecto y cada vez me costaba más correr. Y llegué al mismo sitio.
El agotamiento se unió a mi desesperación e hice un último esfuerzo. Corrí lo más que pude hacia otras direcciones mientras el bosque me gritaba en los oídos y el aire frío me helaba los huesos. De repente, las piernas se me paralizaron y con un gemido caí.
Levanté la vista con mi labio sangrante y observé que enfrente de mí se erguía un gran árbol idéntico a sus compañeros. Me quedé mirándolo y no se como, en ese momento supe que nunca saldría de ese bosque.
Un imán muy fuerte me atraía hacía ese árbol y en un momento sus formas retorcidas de empezaron a mover con un ruido ensordecedor, abriéndose como una flor en primavera. Esa fuerza me atraía más y más hasta que me encontré dentro del árbol. Sus formas entonces se empezaron a cerrar hasta que todo fue oscuridad. Estaba dentro del árbol. Se hizo el silencio.
Mis lágrimas recorrían mi rostro mientras yo golpeaba en todos los sitios son todas mis fuerzas. Hasta que un dolor indescriptible se apoderó de mi cuerpo. Me paré sobresaltada. Empecé a sangrar más de mi labio. Me dolía todo. Entonces grité y salpiqué sangre que salió de mi garganta. No sabía que me pasaba. Mis lágrimas se habían tornado rojas y mi nariz sangraba a borbotones. Me ahogaba. De repente me quedé inmóvil.
Ahora podía ver dentro de mi tronco de árbol tras una cortina púrpura que ocultaba mis ojos. Sabía que ese iba a ser mi hogar para siempre. Sigo aquí. Mi antigua personalidad no se ha muerto del todo.
Aunque forme parte de este bosque y sea su máxima aliada, aun tengo recuerdos de mi vida anterior. Mis padres, el pueblo y mis agradables visitas a este bosque antes de que me mostrara su verdadera cara. No sé como, puedo observar el resto del bosque por si viene alguien que pueda acompañarnos. Le engañaremos hasta que sea demasiado tarde.
Le atraparemos como me atrapó a mí. Y así viviré hasta que a este árbol se le acabe la vida y con la suya la mía también."

jueves, 14 de julio de 2016

RUIDOS EN LA COCINA



Nos encontrábamos cenando juntos en familia, cuando por toda la casa se empezaron a escuchar una serie de ruidos, sonaba como si azotaran las puertas, y estrellaran vasos contra el suelo. Mi esposo nos pidió que permaneciéremos en nuestros lugares mientras él se levantaba a averiguar, había caminado solo un poco, cuando una sombra cruzó detrás de él a toda velocidad. Mis hijos y yo soltamos incontables gritos y corrimos fuera de la casa.

Mi esposo fue detrás de nosotros y le contamos lo sucedido, por su parte él dijo que no había encontrado nada fuera de lugar, que entráramos a la casa para terminar de cenar, pero por supuesto, nosotros nos negábamos. Aun así, tuvimos que hacerlo, porque afuera estaba helando, pero mis hijos no quisieron dormir en sus habitaciones. Colocaron cobijas alrededor de nuestra cama, y no querían cerrar los ojos.

Apenas habían pasado unos minutos, cuando los sonidos en la cocina se escucharon de nuevo, esta vez de forma más intensa, no sé si por el silencio de la noche o porque el fenómeno se presentaba de manera más violenta. Mi esposo bajó con bate en manos, fueron unos minutos de silencio y el subió corriendo, sin el bate, el rostro descolorido, y muy asustado, apenas podía ni articular palabras… dijo que en la cocina estaba su hermano, pero no era real, estaba traslucido y con una gran herida abierta en su cabeza

No sabíamos que hacer, estábamos muy desconcertados, y lo estuvimos mucho más, cuando recibimos una llamada diciendo que mi cuñado había muerto al caer del techo

De inmediato pensamos que el fantasma de su hermano se había hecho presente porque culpaba a mi esposo de su muerte, pues habían quedado de acuerdo en reparar el techo juntos… tal vez si me esposo hubiese estado ahí… su hermano no habría muerto… y no tendríamos que verlo rondando en nuestra casa, tratando de tomar venganza.

lunes, 13 de junio de 2016

EL AUTOBÚS FANTASMA



Esta leyenda tiene su origen en una sinuosa carretera mexicana, donde existían quebradas y barrancos extremadamente peligrosos y era muy arriesgado realizar ese trayecto por la noche, especialmente con mal tiempo.
Una noche, un autobús partió desde Ixtapan de la Sal con dirección a Toluca, repleto de pasajeros. El viaje se desarrollaba con normalidad hasta que el conductor notó con terror que comenzaban a fallarle los frenos por lo que no pudo impedir que el vehículo se precipitara al fondo de un profundo barranco. Lamentablemente no hubo sobrevivientes ya que todos los pasajeros perecieron en forma inmediata.
Tiempo después, varias personas aseguran haber visto a un viejo autobús circulando por la carretera en noches de lluvia intensa. El autobús recoge sin problemas a las personas que aguardan en las paradas habituales y todo transcurre en la más absoluta normalidad, salvo con el pasaje como con el conductor que no emiten palabra alguna….
El viaje sigue hasta que el conductor, le indica al nuevo pasajero que debe bajarse allí de manera inflexible: debe bajar allí mismo o de lo contrario ya no podrá hacerlo. El pasajero se baja ante el pedido no sin antes recibir una nueva advertencia: no volverse para ver el autobús por ningún motivo. En el caso de que ignore esta advertencia, verá con terror que se trata del autobús fantasma, con los desgraciados cadáveres de quienes fallecieron en el siniestro….
El pasajero muere en forma inmediata o a los pocos días para pasar a formar parte como un fantasma más entre los infelices pasajeros.

domingo, 24 de abril de 2016

LA HISTORIA DE NADIA



Nadie sabía exactamente cuál era la vida de Nadia desde la muerte de su madre. Apenas tenía 8 años cuando ella falleció. Era hija única, vivía en una zona alejada y al quedar sola con su padre fue también como quedar sola en el mundo. No tenía parientes cercanos que vivieran cerca a su casa; su único contacto con la sociedad eran sus idas y venidas de la escuela. Nadia era una niña alegre y muy sociable, al menos lo fue hasta perdió a su madre, luego poco a poco su sonrisa se fue marchitando como se marchitan las flores, a los 12 años era imposible verla sonreír.

Por supuesto que seguía asistiendo a la escuela, pero era callada y retraída, no tenía amigos ni nadie de confianza, su maestra trato de conversar con ella y crear un vínculo amistoso, pero la niña nunca correspondió a sus esfuerzos y se limitaba a mirarle tristemente hasta que la maestra cejó y la dio como un caso perdido. ¿Con quién vivía Nadia? Pues con el único pariente cercano que le quedaba en casa: Su Padre…

¿Y cómo era su padre? Nadie habría querido responder esta pregunta, quizá alguna persona habría comentado que era un hombre taciturno y sin amigos, pero no era solo eso, era un hombre que aparentaba ser tranquilo, realmente dentro de sí bullían todas las pasiones, y no precisamente las más inocentes. Se rumoreaba, solo era un rumor que en su juventud se dio a la vida disipada cuando vivía en la ciudad, drogas y malos amigos, trasnoches y malos caminos. Se rumoreaba también que golpeaba a su esposa. Pero el rumor que ya nadie se atrevía siquiera a pensarlo era ¿De qué vivía?, nadie le conocía trabajo, siempre lo veían sentado en su puerta sin hacer nada. ¿De dónde sacaba el dinero para sobrevivir junto a Nadia? Por último ¿Dónde vivía Nadia?

Imagínense una selva, una selva amazónica y umbría. Vivían en una región de la selva amazónica, en una pequeña y alejada parcela que heredó la madre de Nadia de sus padres. Para llegar a este lugar sombrío, donde se estableció la pequeña familia esperando trabajar y prosperar; había que viajar por herrumbrosas carreteras, horas y horas de viaje, luego cruzar un río caudaloso y finalmente caminar por un estrecho sendero subiendo y subiendo por una montaña. Así es como viven las personas que se dedican a la producción de café y cacao.

Pero regresemos a Nadia, a la pobre niña sin sonrisa. Nadie supo nunca o al menos hasta el momento en que sucedieron los hechos como era la vida de Nadia, la veían ir a la escuela, la veían sentada a la puerta de su casa, la veían caminar por el sendero. Y de pronto cuando ella cumplió los dieciséis años nadie la vio más. Los más valientes que se atrevieron a preguntar al padre donde se encontraba la adolescente, obtenían siempre la misma respuesta “Nadia se fue a la ciudad a vivir con unos parientes lejanos, estudiar y forjarse un futuro”, y nadie tampoco podía preguntar más a ese hombre taciturno. Pasaron los días, los meses y llego a ser dos años de la partida de Nadia, su padre se había desmejorado mucho, lo encontraban borracho tirado al borde del sendero y si era noche cuando sucedía esto, el que lo encontraba juraba haber oído mascullar al viejo e incluso gritar “déjame en paz, ya se acabó ya”, así que en la aldea empezaron a sospechar que se estaba volviendo loco si es que no lo estuvo siempre.

DOS AÑOS DESPUÉS

Ciertos días de la semana, partía un camión a la zona donde vivía Nadia, ese día en particular se encontraban dos señoras parlanchinas y dicharacheras que volvían a sus casas en la selva.

– ¡Qué calor hace!- exclama una mientras trataba de abanicarse con la mano –

– Si parece que ya estuviéramos en el infierno- respondía la otra- Lo bueno es que cuando lleguemos será noche cerrada, no me atrevería a subir esa montaña con tanto calor.

– Claro que no quieres calor, pero tampoco es bueno caminar por la noche ¿y si se te aparecen los fantasmas?

– ¿Qué fantasmas? Toda mi vida he caminado de noche por ese sendero y nunca me he encontrado nada…

– Eres incrédula, cuidado que un día te pase y te mueras del susto.

– Nada, aquí no pasa nada.

En ese momento al camión subió una última pasajera, cabello largo y suelto, delgada como una palmera, hermosa y seria. La recién llegada se acurrucó en un rincón del camión tapando sus largas piernas con su vestido, cerró los ojos y pareció dormir.

– Fíjate en esa- murmuró una de las vecinas, con ese trapo que se cubre un poco más y parece desnuda.

– Ay mujer, a ti te gusta criticar a todas. Pero fíjate bien, me parece que tiene cierto aire conocido. ¿Va ser?…

– No creo haberla visto en mi vida.

– Yo creo que sí, se parece a la mujer de ese borracho, pero es muy joven. Ahí está el detalle… creo que es Nadia.

– ¿Nadia, la hija de ese borracho?

– Si… Pregúntaselo.

– ¿Y por qué no tú? Nunca he hablado con ella.

– Y seguro yo sí…

– Está bien, se lo pregunto- y tomando más valor que aire la mujer se dirigió a la joven.

– ¿Hola señorita, usted es de por acá?

La joven levantó su mirada y sus ojos tristes, que profundamente se posaron en la mujer, viendo y sin ver

– Si – respondió en apenas un susurro.

Como no parecía volver a hablar más, la mujer volvió a preguntar:

-¿Tú eres Nadia?- y después de un silencio largo, largo, la joven contestó.

– Si…

– Ah, entonces ¿estas volviendo?, ¿será para cuidar de tu padre?, hace mucho que está enfermo.

– No ¿Cómo, no vas a cuidar de tu padre?

– No

– Entonces…

– Cállate- le susurró la otra mujer- no es tu asunto.

– Pero…

– Cállate, hay algo en su mirada y su voz que me da miedo…

– Si serás…

Las mujeres callaron y se acurrucaron en sus bultos, el camión seguía su marcha, el camino era largo y la noche también. A las dos de la madrugada llegaron a destino.

– Baja, baja- gritaron las mujeres.

El camión se detuvo, bajaron y junto a ellas bajo Nadia. Era lo más natural ya que su casa quedaba en la zona, pero ellas no pudieron evitar estremecerse, había algo extraño en esa chica, algo que no se podía definir… ¿Irás con nosotras por el sendero?

– Si.

-¿Tienes linterna?

– No.

– Camina a mi lado, así te alumbro.

– Si.

Se pusieron en marcha, a medida que caminaban el aire se hacía frío y más frío, no había luna, el sendero se alargaba y alargaba como para no dejarles llegar a sus casas. Al fin llegaron a la primera casa, era la casa de Nadia, oscura y solitaria.

– Hasta la vista entonces- se despidieron las mujeres no sin alivio.

– Si…

Ellas se alejaron por el sendero, iluminándose con sus linternas

– ¿Te diste cuenta que frío hacía?- comentó una.

– Sí, pero solo era frío… no vayas a empezar otra vez con tus fantasmas- y ambas iban a echarse a reír cuando oyeron un grito espantoso, era un grito que venía de alrededor de ellas, de detrás de ellas, y a la vez de ellas mismas.

-¿Qué fue eso?- y mientras preguntaba, el grito volvió a resonar.

– Nooooo… nooooo… por favor, noooo- los cabellos se les erizaron, se miraron locas y confundidas ¿Qué ha sido eso? ¿Nadia? – – No, era un grito de hombre. ¡Volvamos!… – aunque lo dijo con miedo, la mujer sentía la necesidad de volver y averiguar quién o porque había gritado.

-¿Estás loca? Yo me voy a mi casa.

-¿Y si Nadia necesita ayuda?

– No fue ella, fue un hombre…- aun así ambas se tomaron del brazo y caminaron lentamente hacia la casa de Nadia, todo estaba oscuro, se acercaron a la puerta, se encontraba entreabierta.

– Toca… Entra, yo no me meto ahí

– Pásame tu linterna- empujaron un poco más la puerta para poder iluminar el interior con la linterna –

– ¿Nadia?…- la pregunta era apenas un susurro y se perdió en la oscuridad, pero un sonido les respondió, un sonido de desgarre, una rotura, un chirrido.

-¿Nadia, estás ahí?- En ese momento la luz de la linterna iluminó el piso, un jirón blanco de vestido, un jirón no tan blanco… –

-¿Nadia?- gruñido… y al fin la linterna la iluminó toda entera, estaba sentada en el piso, acunando algo entre los brazos, con los largos cabellos tapando el objeto que acunaba.

– Nadia, ¿estás bien?- y ella giró su rostro, vacío y hermoso.

– Ahora sí…

-¿Qué? ¿Qué?- la mujer se quedó sin habla mientras veía que era lo que sostenía los brazos de Nadia… era… era… pero no pudo contener el grito que salió de su pecho antes de retroceder hacia la puerta.

Nadia sostenía la cabeza de su padre, estaba limpiamente arrancada del cuerpo, la boca en un grito mudo y los ojos sangrantes ¿O es qué ya no tenía ojos?

– Sal, sal…-la mujer retrocedía empujando a la otra.

– No te vayas- susurro Nadia.

– ¡Monstruo!

– No… yo no lo soy… pero mi padre si.

– No, tú eres un monstruo, mataste a tu padre.

– Él ya estaba muerto, el día que me tocó por primera vez ya estaba muerto ¿Qué? Cuando murió mi madre, papá se hizo cargo de mí, al principio eran solo unos golpes por cosas pequeñas, como romper un plato… pero luego me fue viendo, yo crecía… mi cuerpo también…

-¿Qué dices?

– La primera vez fue una noche… no había luna, todo estaba oscuro, lo sentí echarse encima mío… quise gritar… me tapó la boca con su sucia mano… tan solo tenía 12 años…

– ¿Tu padre… tu padre?.

– Sí, me violó… y no fue una, sino muchas veces y nunca más pude volver a vivir…

– Pero te fuiste… ¿No? Tu padre dijo que te marchaste a la ciudad.

– No… estoy aquí.

-¿Cómo?

– La noche que cumplí 16, me dije que ya no soportaría más vejaciones, escondí un cuchillo bajo mi almohada, ¿quería matarme? No, quería matarlo a él, pero fue como si él lo supiera, fue de frente al cuchillo y me apuñaló.

– Imposible…

– Sí- dijo Nadia mirándola con una sonrisa triste, la sonrisa más triste y la mirada más triste que viera en su vida- estoy enterrada bajo la cama…

Las mujeres se quedaron de piedra, o mejor dicho solo una de ellas por la otra yacía desmayada en el dintel desde el momento en que había visto la cabeza del muerto. Nadia había regresado del mas allá, había regresado a tomar su venganza por que no podía descansar en paz, una niña así tratada nunca podría descansar en paz.

Cuando la mañana llegó, las dos mujeres fueron encontradas en el sendero, acurrucadas y tiritando a pesar del intenso calor, nunca más volvieron a ser las mismas, nunca más volvieron a vivir ahí.

¿Y Nadia? Cuando los hombres entraron en la casa todo estaba cubierto de polvo, como si hace mucho nadie viviera ahí, pero donde más polvo había era sobre el cadáver del hombre, las mujeres dijeron que Nadia simplemente había vuelto a ser polvo…

miércoles, 24 de febrero de 2016

LA CELOSA MARIANA



En la época virreinal, en la ciudad de Valladolid de la Nueva España, vivía una rica y aristocrática familia formada por la esposa, el marido y un hijo que ambos habían procreado. Su vida se desplazaba tranquila, casi feliz y sin problemas.

La mujer era un tanto metiche y siempre le gustaba saber lo que las personas opinaban de ella, y por otro lado, era terriblemente celosa y siempre se la pasaba vigilando a su esposo, tratando de descubrirle alguna infidelidad.

Indagando y metiéndose en la vida de los demás, un nefasto día se enteró de que su marido le era infiel con una mujer, y ésta era nada menos que su madre.

La esposa, loca de celos y muy ofendida por tan terrible engaño, presurosa acudió ante su esposo y le mató decapitándole cuando se encontraba profundamente dormido.

Después de haberle dado muerte al infiel, acudió al lecho de su hijito y le mató también.

En seguida de haber cometido los espeluznantes crímenes, presurosa se encaminó a la casa de su madre a la que también mató a cuchilladas, para posteriormente prenderle fuego a la casa.

Antes de morir, cuando la madre estaba recibiendo las primeras cuchilladas, le espetó a la asesina: ¡De ahora en adelante te llamarás Mariana, y deambularás por la eternidad, por los campos asustando a los borrachos y a las mujeres chismosas!

Desde el día de la maldición la Mariana, a altas horas de la noche, se les aparece a todos los borrachos y los asusta con su terrible risa y su espantosa cara de muerta.

A las mujeres amantes del chisme las persigue sin tregua como un recordatorio de que por sus celos y por hacer caso a las habladurías, la que fuera una hermosa mujer se convirtió en la horripílante Mariana, pues su madre y su esposo eran absolutamente inocentes del terrible delito que se les imputaba.