lunes, 14 de julio de 2014

LA PRINCESA DEL CERRO DE LA BUFA



Dícese que en ese pintoresco y bello picacho del cerro de la Bufa, alienta una princesa encantada de rara hermosura, que en la mañana de cada uno de los jueves festivos del año, sale al encuentro del caminante varón, pidiéndole que la conduzca en brazos al altar mayor de la que hoy es la Basílica de Guanajuato, y que al llegar a ese sitio volverá a resplandecer la ciudad encantada, toda la plata, que fue esta capital hace muchos años, y que ella, la joven del hechizo, recobrará su condición humana.

Pero para romper ese encantamiento hay condiciones precisas, tales como que el viajero, fascinado por la belleza de la joven que le llama, tenga la fuerza de voluntad suficiente para soportar varias pruebas:

Que al llevarla en sus brazos camine hacia adelante sin turbación y sin volver el rostro, a pesar de escuchar voces que le llamen y otros ruidos extraños que se produzcan a su espalda.

Si el elegido pierde la serenidad y se da vuelta, entonces la muchacha se convierte en una horrible serpiente y todo termina ahí.

La oferta es tentadora, una lindísima muchacha y una fortuna inacabable, pero, ¿Quién es el galán con temple de acero que pueda realizar esta hazaña? Por lo visto es sumamente difícil llevar a cabo el reto, pues Guanajuato, el estado que hoy conocemos, tiene más de cuatro siglos de vida y no ha habido quien cumpla los requisitos para deshacer el hechizo.

Escritores y poetas nacen y mueren como yo, y con mayor o menor galanura en el lenguaje todos repiten la leyenda, como un canto a Guanajuato, a la Bufa y a la hermosa princesa encantada. 

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