domingo, 20 de julio de 2014

UN TESORO EN LA PLAZA DE SAN MARCOS



La ciudad de Aguascalientes es muy famosa por su feria: “la Feria de San Marcos”


Cuentan que frente a la plaza de San Marcos vivía un comerciante muy rico que tenía la costumbre de donar  enormes cantidades de dinero a la parroquia, por ser también un hombre devoto. Era muy respetado en la comunidad y ofrecía fiestas memorables.


Tenía una hija muy joven y ya tenía un pretendiente en la ciudad de México, un muchacho rico también En eso, estalló la Revolución y la vida en Aguascalientes dejó de ser tranquila, como en el resto del país. Primero llegaron a esta ciudad los villistas, quienes recibieron el apoyo de los  lugareños, por miedo que por estar convencidos en la revuelta armada. Dicen que el comerciante ofreció una recepción en su casa para los generales para quedar bien y sentirse protegido.


Con el paso de los días la tranquilidad pareció volver a su ritmo acostumbrado. Pero las noticias de la avanzada carrancista hacia  la ciudad eran en verdad preocupantes. Ya se sabía que habían azolado Zacatecas y otros lugares más al norte. Tales revolucionarios eran bandidos que no respetaban a nadie y robaban o mataban por puro gusto. Cuando esto llegó a oídos del comerciante acaudalado, ideó un plan para esconder sus riquezas en un lugar seguro. Sin que nadie entendiera la razón, le pidió a varios de sus  trabajadores que esa misma noche armaran un alboroto lejos de la plaza de San Marcos.


Dicho alboroto cumplió su cometido, pues todos los habitantes de los alrededores fueron a ver de qué se trataba, lejos de la plaza. Desde la tarde el comerciante había llenado un baúl con sus riquezas de más valor: monedas de oro y joyas, tanto personales como las de su esposa y de toda su familia.


Cuando estuvo seguro de que no había nadie en la plaza fue a escarbar un hoyo muy profundo al pie de una jacaranda.  Después fue  a su casa por el baúl para enterrarlo en dicho pozo. Su hija fue la única persona que atestiguó todo aquello porque él quería que ella supiera dónde había quedada escondida su futura fortuna.


No pasaron muchos días desde aquel acontecimiento para que la ciudad sufriera las revueltas carrancistas. Antes de que esto ocurriera, los más ricos ya habían huido hacia otros destinos; el comerciante se fue con toda su familia a la ciudad de México, con el propósito de regresar cuando fuera posible. Pero la lucha armada duró tanto tiempo que esa y muchas otras familias jamás volvieron.


El comerciante casó a su hija con el muchacho rico de México y siempre le recordó que debajo de aquella jacaranda en Aguascalientes estaba su herencia y que hiciera uso de ella cuando la requiriera. Pasaron los años y el comerciante murió; su hija nunca tuvo necesidad económica de recuperar el tesoro, pero sí quiso hacerlo por los recuerdos de su juventud y de su familia guardados en aquel baúl.


Cuentan que la hija del comerciante un día llegó a Aguascalientes y fue directamente a visitar lo que había sido su casa familiar. Llevó al esposo y a sus hijos ya grandes a que conocieran la iglesia de San Marcos, así como el lugar donde estuvo el comercio de su padre. Después caminó sola por la plaza para ubicar el punto exacto donde recordaba aquella noche a su padre enterrando el tesoro. Dicen que la mujer se sentó a llorar en una banca porque la jacaranda ya no existía.

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