miércoles, 30 de julio de 2014

TLALCIHUATL-TLALTECUHTLI



El sapo es un animal tímido y nocturno, que se oculta en lugares oscuros y que por la noche sale a cazar insectos para alimentarse. En muchas culturas antiguas se le ha asociado con la Luna.

Varias tribus de indios norteamericanos lo relacionaban con la fase oscura del ciclo lunar; es decir, el período de tiempo más silencioso y profundo que permite encontrar y enseñar la sabiduría. Asimismo, se le ha vinculado con diversos dioses. Por ejemplo, en la religión mexica el sapo excavador, tamazolin, “animal viejo con verrugas”, estaba relacionado con el dios del agua Tláloc, obviamente por la lluvia de la cual ambos eran partícipes, era el lento mensajero del dios, pues al dar un brinco se quedaba abstraído y mirando a la nada, como lelo. El sapo también ha tenido fama de flojo y descuidado, como nos informa fray Bernardino de Sahagún: El sapo tamazolin es flojo, no va caminando con las patas cuando anda, sino que nomás va dando brinquitos; y cuando brinca no va haciéndolo seguido, sino que nomás va de brinquito en brinquito (zan chocholotiuh); o brinca una vez y ahí se queda sentado, mirando, croando nomás.

Los sapos y las ranas fueron asociados por los mexicas con la lluvia, cuando se escuchaba  croar a los sapos sabían que las lluvias estaba cerca. El dios Tlaltecuhtli, Señor de la Tierra, era un monstruo marino que vivió en el mar pasado el cuarto diluvio que sufrió la Tierra.

En su forma femenina se la llamaba Tlalcíhuatl. La diosa Tlalcíhuatl-Tlaltecuhtli, Señor/Señora de la Tierra, la Gran Devoradora de Hombres, se representaba en la iconografía mexica con una parte de su cuerpo en forma de serpiente y la otra como un sapo con  bocas llenas de sangre en sus coyunturas, y en la posición del parto indígena con las fauces abiertas.

A veces, se la representaba con la mitad de su rostro descarnado con una boca de la cual sale un tepatl, cuchillo, con ojos y boca. Su cabello era rizado, por ello asociado a los dioses de la Tierra y del Más Allá.

Esta extraña diosa se tragaba los cadáveres y los hacía pasar hasta su matriz a través de su vagina dentada, a fin de encaminarlos hacia el Mictlán. Se le reverenciaba llenándose el dedo cordial con polvo del suelo y llevándoselo a la boca; se le ofrecían corazones que se colocaban en unas vasijas nombradas cuauhxicalli, la sangre se vaciaba en el temalácatl, el altar circular de sacrificios, como parte del rito de fertilidad. Hemos de mencionar que los rituales dedicados a Tlaltecuhtli sólo los realizaban los sacerdotes, por tratarse de un aspecto tan importante como era el nacimiento de una nueva vida. Como afirma Eduardo Matos Moctezuma: Al ser un rito de tránsito o de iniciación muy importante que dará pie para que el individuo pueda nacer o renacer para continuar su nueva vida, se convierte en algo sumamente sagrado que permanece or esta razón en el mundo de lo oculto.

El mito relata que Quetzalcóatl y Tezcatlipoca raptaron a la diosa del Cielo y la colocaron en un sitio donde había agua. Ellos la observaban en silencio y pensaron que era necesario fundar la Tierra. Se transformaron en serpientes gigantes y la atacaron.

Cada uno de los dioses agarró un brazo y una pierna, y jalaron hasta que la partieron por la mitad: una parte la aventaron hacia arriba para crear al Cielo y las estrellas; la otra, la tiraron y se convirtió en la Tierra. Fue tan brutal la acción a que sometieron a  Tlaltecíhuatl, que los dioses viejos se enojaron, y decidieron que para mitigar el dolor infligido a la diosa de su cabeza surgiera todo lo bueno de la Tierra para que los hombres pudieran habitarla. Así pues, de sus ojos nacieron las cuevas, las fuentes y los pozos; de sus largos cabellos surgieron las flores, las plantas, y los árboles; de su piel la hierba chiquita y las pequeñas florecitas; y de su nariz, los valles y las montañas.

El monolito de esta destripada diosa se encontró en las Ajaracas, en el Centro histórico de la Ciudad de México un 2 de octubre de 2006. Se trata de un disco de andesita rosa proveniente del cerro de Tenayuca que pesa doce toneladas. Matos Moctezuma dijo que se trataba de:Una deidad telúrica y nocturna del sexo femenino que porta un faldellín adornado con cráneos y huesos cruzados, además de lucir un adorno dorsal con tiras y caracoles, exclusivo de las deidades femeninas”



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