jueves, 21 de enero de 2016

EL DOCTOR DEL HOSPITAL DE JESÚS



Este acontecido le pasó a un señor que es mi vecino; me lo contó una noche de lluvia torrencial y de pavorosos relámpagos.

Sucedió que un día, el señor Josefo se puso muy grave, se estaba muriendo, lo tenían con suero y oxígeno porque se estaba asfixiando.

El hijo mayor, Rodrigo, desesperado, se fue a buscar un doctor hasta el Hospital de Jesús, el que está en el Centro de la Ciudad de México, pues les quedaba cerca de la casa.

En un consultorio del hospital vio a un médico, le expuso rápidamente la situación su y se lo llevó con él a la casa, Dice que vio muy raro al doctor, así como muy pobre, muy pálido; pero con tal de que aliviara a su papá eso no le importó.

Al llegar a la casa el doctor vio el oxígeno y el suero que tenía puesto y dijo:

–Esto se lo quitan inmediatamente; este señor se va a aliviar, pero quítenle eso, porque lo está perjudicando.

La señora Ofelia, su esposa, no se lo quería quitar. Entonces el doctor le dijo:

–Bueno, si quiere usted que se cure, quítele eso; nada más denle la medicina, pero quítenle eso.

Le quitaron el oxígeno y el suero. El doctor le tomó el pulso.

Una vez terminada la visita, el mismo Rodrigo lo regresó al Hospital de Jesús. Inmediatamente, el señor comenzó a mejorar.

A los dos días fueron a buscar al doctor para que viniera a verlo otra vez y viera cómo había mejorado el enfermo.

Pero en el consultorio se encontraron a otro doctor distinto, a quien dieron las señas del médico que buscaban. A lo que el galeno respondió:

–En este consultorio no hay ningún otro doctor, aquí siempre he estado yo, no puede haber sido otro porque este es mi consultorio.

Don Josefo se alivió. Hasta la fecha vive, pero ellos, los familiares, se quedaron con la tentación y volvieron al Hospital para hacer investigaciones con el director a quien le dieron las señas del doctor.

Buscaron en los libros antiguos del Hospital en donde estaban las fotos de los fundadores. Cuando los estaban viendo, el hijo del don Josefo exclamó:

–¡Éste, éste es el doctor que vino conmigo y estaba aquí en el consultorio!

Era una de los fundadores que había muerto hacía mucho tiempo, en los tiempos de la Colonia.

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