miércoles, 20 de enero de 2016

LA NIÑA RUBIA



Había una vez una muchacha llamada Herminia que estudiaba enfermería en la Universidad de Puebla, aunque era originaria de Tlaxcala. Junto con otras dos muchachas alquilaba un departamento cerca de la universidad.

Como no iba muy bien en la facultad y había reprobado dos materias, decidió hacer cursos extras en las vacaciones de agosto.

Una noche tocaron a su puerta. Herminia fue a abrir y se encontró con una niña de siete años. Era muy bonita, de pelo rubio y ojos café oscuro.

Con cara contrita, la niña le dijo a la muchacha que estaba perdida; la hizo entrar y le dijo que llamaría a la policía, sin embargo, la niña le rogó a Herminia que le diera un vaso con leche, y que la dejara dormir en su casa, y que no llamara a la policía sino hasta el otro día. Herminia accedió.

Al día siguiente, cuando la muchacha fue a despertar a la niña, se dio cuenta de que no estaba.

Pasó un año y volvió a ocurrir lo mismo: se presentó la niña, le pidió leche, le dijo que estaba perdida y le pidió dormir en su casa.

Al otro día, la niña, que parecía no haber crecido, había desaparecido. Herminia fue a la policía y contó lo sucedido.

Pero nada se pudo hacer: nadie había denunciado la pérdida de una niña.

Herminia se puso a pensar en lo que podía hacer. Entonces decidió ir a un hospicio que se llamaba Hospital de San Prudencio para hablar con la madre Sonsoles. Pero en el hospicio no habían perdido a ninguna niña.

Cuando desalentada Herminia se disponía a irse, entró una monja que llevaba una especie de anuario donde aparecían las fotos de las niñas que habitaban el hospicio. Era un anuario de dos años atrás. Casualmente, Herminia vio la foto de la niña de los rizos rubios, y dijo: -¡Madre Sonsoles, esa es la niña pérdida! Desconcertada, la madre le contestó que esa niña había muerto hacía dos años.

Herminia regresó a su casa. Por la noche, llamaron a la puerta, y la joven miró por la mirilla.
Vio a la niña y abrió la puerta. -¡Has tardado mucho en abrirme, dijo la infanta, tengo mucha hambre y mucho sueño! Herminia, muerta de miedo, le preparó la leche y la cama a la niña.

A las dos horas, se levantó de su cama y fue a ver a la chiquilla. Estaba completamente tapada, la muchacha levantó las cobijas y vio cómo el cuerpecito de la niña se desvanecía como una nube blanca.

Al observar la almohada vio que había un letrero escrito con letra infantil que decía: -¡Muchas gracias por la leche, las galletas y la cama, ahora me voy directo al Infierno para llevar a las otras tres chicas que no me dejaron entrar a sus casas, y no quisieron ayudarme ni me dieron nada de comer!!!

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